05.12.08

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión - Victor Serge

Publicado en Ensayo, Filosofia, Historia tagged , , en 12:22 am por ellibrero

Víctor Serge
Un revolucionario humanista
Francisco de Cabo
Iniciativa Socialista, nº 12, diciembre 1990

De Víctor Serge, nombre de “guerra” de Víctor Luovich Kibalchich Paderevski, nacido en Bruselas, hijo de exiliados rusos, casado con Liouba Roussakova, con la que tuvo dos hijos, Vladimir, conocido por Vlady, renombrado pintor que reside en México, y Jeannine, que trabaja en el Centro de Estudios Básicos en Teoría Social de la Universidad de México, se cumple este año el centenario de su nacimiento.

Se han difundido mucho, quizá demasiado, las frases difusas de “escritor comprometido” y de “compañero de viaje” a escritores que han sido simples “outsider”, que sólo han visto los toros,todo lo más, desde la barrera pero sin soltar amarras del “statu quo” de la sociedad que los arropa confortablemente. Todo lo contrario fue la vida y la obra del escritor Víctor Serge. Desde la adolescencia se comprometió a ultranza con los humildes, con los desheredados de las sociedades del signo que fueran y hasta su muerte conservó incólume su yo independiente sin menoscabo de sus ideas redentoras de los desamparados. La obra de escritor de Serge es muy extensa y variada pero en ninguno de sus libros, aunque sea una novela con personajes de ficción, no se puede uno imaginar al autor cómodamente sentado en un escritorio, distante de los seres simbólicos que crea: Serge,el hombre de carne y huesos, está inmerso en las criaturas que forja, las cuales son unos seres que reflejan sus propias angustias.

Víctor Serge, en este aspecto como en otros poseía una semblanza humana parecida a Andreu Nin, que no fue rencoroso ni devolvió injurias. En su folleto “Su moral y la nuestra” Trotski le lanza una diatriba indigna de un hombre de su talla intelectual y revolucionaria: “El secreto, sin embargo, consiste en que, al reivindicar la libertad para sí mismo (para Serge) y para sus semejantes; la libertad de escapar a toda vigilancia, a toda disciplina; inclusive, si esto fuera posible, a toda crítica…”. “Si Víctor Serge abordara seriamente los problemas de la teoría, se sentiría confuso -ya que quiere desempeñar papel de ‘innovador’- de hacernos regresar a Bernstein, a Struve y a todos los revisionistas del siglo pasado, que trataban de injertar el kantismo en el marxismo, es decir, de subordinar la lucha de clases del proletariado a principios colocados por encima de ella”. Trotski, para poder rebatir a Serge, emplea el viejo sofisma de hacerle decir conceptos que nunca pasaron por la imaginación de éste. Pero dejemos este tema. Lo que quiero significar es que Serge nunca contestó a estas injurias y otras peores, siguiendo el mismo método que Nin. Tanto uno como el otro amaban y respetaban a Trotski demasiado para atreverse a polemizar con él. En 1944, asesinado ya Trotski, Serge escribió sobre él estas comprensivas palabras: “A pesar de los crímenes, a pesar de su
propia muerte que se acercaba de día en día, se negó a reconocer que la URSS había dejado de ser un ‘Estado Obrero Socialista’ y que en ella se hubiera establecido un nueva sistema de totalitarismo. Creyó poder llevar sobre sus espaldas el peso de una nueva Internacional, la Cuarta, continuadora de la Tercera. Voluntarioso y utopista se separó del conjunto del movimiento socialista. Se empeñó en hacerse el mantenedor de un bolchevismo de épocas pasadas y que en la actualidad ya nadie puede comprender. Se mostró intransigente con revolucionarios que le querían y comprendían, pero no querían seguirle por estos caminos. Intervino en las disensiones y en las escisiones de minúsculos partidos que no forman más que sectas fieles a fórmulas muertas. Nosotros nos explicamos muy bien, desde un punto de vista psicológico, su tensión interior y el drama de su soledad”.

Serge no se consideró nunca un “bolchevique leninista”, dos palabras que pronunciadas juntas son redundantes pues con sólo decir bolchevique ya se dice leninista. Pero esto no significa que Serge no admirara a Lenin, que, como verdadero hombre de genio, personificaba la sencillez en el trato con los demás y cuya autoridad provenía de su poderosa personalidad. En un artículo publicado en “La Batalla” en marzo de 1937 Serge escribe en el último párrafo, refiriéndose a Lenin, estas significativas palabras: “No se creía infalible y tampoco lo era. Ha cometido grandes errores y a menudo en su más justa acción una parte de error se mezclaba a una extraordinaria perspicacia. En conjunto, su obra permanece, no obstante, como un nuevo punto de partida en la historia, un magnífico ejemplo de devoción a la clase obrera, una aplicación victoriosa del pensamiento marxista a la lucha de clases. Hacia ésta miramos hoy como hacia una luz, y no hacia su lúgubre despojo embalsamado en Moscú bajo un pesado mausoleo”.

Como escritor revolucionario e independiente que era se había condenado a sí mismo a no ver publicados sus escritos por no someterse a los dictados de los poderes de uno y otro bando. En su época, y aún perdura, un intelectual contrario al estalinismo y al “statu quo” occidental se veía acosado por la estrechez económica. El que escribe estas líneas puede dar fe de ello al gestionar inútilmente la publicación de sus obras en el mercado editorial de la Argentina -en aquella época centro editorial de la lengua castellana por no poder publicarse en la España franquista nada que oliera a izquierda- al ser rechazadas al mencionar el nombre de Víctor Serge como autor. Si algún libro se editaba era clandestinamente por editoriales “piratas” -que proliferaban en la América de habla castellana- y como “era lógico” no pagaban derechos de autor. A pesar de la crítica situación en que vivía, en sus cartas no se reflejaba ningún enojo, una prueba más de su fortaleza moral.

El sentido de la solidaridad humana y de la solidaridad a las amistades eran atributos de la recia personalidad de Víctor Serge. Prueba de ello fue la campaña de solidaridad internacional que organizó, junto con personalidades como Magdeleine Paz, Marceau Pivert, Alfred Rosmer, Pierre Monatte y otros, para salvar las vidas de los dirigentes del POUM amenazados por un Proceso al estilo de los de Moscú. No pudieron salvar la vida de Andreu Nin pero llegaron a tiempo para salvar las de los demás miembros del Comité Ejecutivo. Negrín y su Ministro de Justicia, González Peña, el “héroe” de la comuna asturiana de 1934, presionados por el escándalo internacional producido por la “desaparición” de Andreu Nin debido a la campaña de solidaridad y de denuncia internacional organizada por Víctor Serge y sus amigos por el crimen que se estaba preparando en España, se vieron obligados a acomodar un Tribunal Especial con jueces moderados prosocialistas para que dictaran una sentencia de acuerdo a las especiales circunstancias del momento y que no dejara en ridículo a la “ayuda rusa” y a su promotor Stalin.

Aún perdura la polémica sobre la tragedia de Kronstad como una mancha negra imborrable en la historia de Octubre. Y lo peor no fue la matanza en sí sino la interpretación histórica de los hechos y las acusaciones falsas contra los protagonistas por los “bolcheviques leninistas”. El quid, la razón de que aún perdure la polémica sobre el drama de Kronstad es que los dos bandos tenían razón en muchos aspectos de los motivos de aquella lucha sangrienta entre hermanos, pero la razón última, la “razón de Estado”, estaba del lado de Lenin y Trotski. Serge, impulsado por sus orígenes libertarios de los que nunca pudo desprenderse, por fortuna, se decantó por los grandes perdedores, los marinos revolucionarios que lucharon para conservar la pureza de los ideales de Octubre de 1917. Era la posición que correspondía a un sensible revolucionario humanista como era ante todo Víctor Serge que se sobreponía a la del frío calculador político en un caso tan difícil como era el de Kronstad.

Poco antes de ser detenido en febrero de 1933 por Stalin, previendo que le podría ocurrir lo peor, Serge escribió una carta-testamento a sus amigos extranjeros que le retrata íntegramente. Resalta en ella su abominación de la represión política contra el discrepante, el disidente; maldice la pena de muerte como sistema, la deportación, el exilio, la prisión como recurso para hacer callar a cualquier opositor en el movimiento obrero. En el apartado segundo de su carta escribe textualmente: “El hombre y las masas tiene derecho a la verdad. No acepto la falsificación sistemática de la historia y de la literatura… Considero que la verdad es una condición de la salud intelectual y moral. El que habla de verdad, habla de sinceridad. Derecho del hombre a una y a otra”. Estas verdades eran válidas -debe entender el lector- para un país supuestamente socialista como la URSS que había dejado de serlo desde hacia tiempo por no haberlas respetado, pero no para el mundo capitalista en que la
mentira es su razón de ser y de perdurar. Las razones morales absolutas abstractas, “kantianas”, no sirven para el sistema de la libertad de mercado en que éste no podría existir sin el engaño. La verdad, en el sistema capitalista, es de un carácter eminente de clase. En el tercer apartado de su carta-testamento escribe en defensa del pensamiento: “Estimo que el socialismo sólo puede engrandecerse en el orden intelectual gracias a la emulación, la búsqueda, la lucha de ideas. Considero que el socialismo no tiene que temer al error, siempre corregido con el tiempo por la propia vida, sino al estancamiento y a la reacción; que el respeto del hombre presupone para éste el derecho a conocerlo todo y la libertad de pensar. El socialismo no puede triunfar contra la libertad de pensamiento, contra el hombre, sino, al contrario, gracias a la libertad de pensar y mejorando la condición del hombre”.

Víctor Serge murió como un don nadie en 1947 en el exilio mexicano agotado por años de persecuciones, de prisiones, de cautiverio y de miseria material, en un taxi, víctima de un fulminante síncope cardíaco. El chofer, sin saber quién era y desconociendo su domicilio, lo condujo a una comisaría de policía considerándolo un pordiosero por su traída indumentaria. Triste destino final para un intelectual revolucionario. Y termino esta semblanza de Víctor Serge con las nobles palabras que escribió Juan Andrade con motivo de su fallecimiento: “En la perspectiva histórica, su acción será juzgada con mayor objetividad. Pero hay un hecho evidente: si su esfuerzo no ha sido coronado por el éxito, ha sido un alerta, un estímulo y un ejemplo de conducta para las generaciones presentes y venideras. Y para mí, la generación de la Revolución de Octubre que ha quedado insometida, de la que Víctor Serge fue figura principal, ofrece la magnífica bondad de una adhesión absoluta y heroica al proletariado y al espíritu humano”. Pero tanto del uno como del otro, que no han visto el desmoronamiento total del “socialismo real” que significa en sí un atisbo poderoso esperanzador, a pesar de la ocultación transitoria por un eclipse momentáneo que cumple una ley natural, de un cambio total hacia un nuevo socialismo verdaderamente democrático, podemos decir con conocimiento de causa que su conducta de incorrupción política fue el camino duro pero verdadero que guía y
conduce ahora a la clase obrera y a los pueblos oprimidos a renacer de sus cenizas por tenues que sean las brasas que quedan.

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión

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05.10.08

La Historia empieza en Sumer - SAMUEL NOAH KRAMER

Publicado en Historia tagged , en 1:36 am por ellibrero

Ediciones Orbis.

Durante los últimos veintisiete años me he dedicado a las investigaciones sumerias, especialmente en el campo de la literatura sumeria. Los estudios que expongo a continuación ya han sido publicados anteriormente en forma de libros altamente especializados, de monografías y de artículos dispersos en diversas revistas eruditas. El presente libro reúne (para el humanista, el universitario y el público educado, en general) algunos de los resultados más significativos, procedentes de las investigaciones sumerológicas y publicados en revistas especializadas.

El libro consiste en veinticinco ensayos ensartados en un hilo común: todos ellos tratan acontecimientos genéricos, pero cuyo denominador común consiste en que son los primeros que registra la Historia. Son, por consiguiente, de un valor incalculable y de una gran significación para seguir la historia de las ideas y para estudiar los orígenes de la cultura. Pero esto es sólo accidental y secundario; es, como si dijéramos, un producto accesorio, un producto derivado de la investigación sumerológica. El propósito principal de estos ensayos es el de presentar una visión panorámica de las realizaciones culturales y espirituales de una de las civilizaciones más antiguas y creadoras. Todos los aspectos más importantes del esfuerzo humano están aquí representados: gobierno y política, educación y literatura, filosofía y ética, ley y justicia, hasta incluso agricultura y medicina. Hemos esbozado los textos que tenemos en un lenguaje que esperamos que se considere claro y concreto. En primer lugar, se ponen los antiguos documentos ante los ojos del lector, ya en su totalidad, ya en forma de extractos básicos, de modo que pueda percatarse de su estilo y de su gracia, y al mismo tiempo pueda seguir la línea general del argumento.

La mayor parte del material reunido en este volumen está preparado con mi «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor»; de ahí la nota personal que vibra en todas sus páginas. El texto de la mayoría de los documentos fue reunido y traducido por mí. antes que nadie, y en no pocos casos he sido yo mismo quien ha identificado las tabletas en que se basan y hasta he preparado las copias manuscritas de las inscripciones en ellas contenidas.

Sin embargo, la sumerología no es sino una rama de los estudios cuneiformes, y éstos ya se iniciaron hace más de un siglo. En el transcurso de los años sucesivos ha habido muchísimos eruditos que han aportado innumerables contribuciones, las cuales son utilizadas por el cuneiformista moderno para construir un cuerpo de estudio, cada día más considerable, a veces incluso de un modo inconsciente. La mayoría de estos eruditos ya han muerto, y el sumerólogo de hoy en día no puede hacer sino inclinarse en un gesto de sencillo agradecimiento al utilizar los resultados de la obra de sus predecesores anónimos. Pero pronto los días del moderno sumerólogo van, a su vez, a tocar a su fin, y sus hallazgos más fructíferos entrarán a formar parte del acervo colectivo de la sumerología, y, por ende, de los progresos cuneiformistas.

Entre los cuneiformistas últimamente fallecidos, hay tres de quienes me siento especialmente deudor: el eminente sabio francés François Thureau-Dangin, quien ha dominado la escena del cuneiformismo durante medio siglo y ha sido dechado y ejemplo de mi ideal en cuanto a erudito, o sea, una persona productiva, lúcida, consciente del significado de cada cosa, y más dispuesto a confesar ignorancia que a pretender teorizar en exceso; el segundo es Antón Deimel, del Vaticano, hombre poseedor de un agudo sentido del orden y organización lexicográficos, y cuya obra monumental, el Sumerisches Lexikon, me ha sido utilísima, a pesar de sus numerosos defectos; y a Edward Chiera, cuya visión y diligencia allanó mucho el camino de mis investigaciones sobre literatura sumeria.

Entre los cuneiformistas vivientes hoy en día cuyos trabajos me han sido valiosísimos, especialmente desde el punto de vista de la lexicografía sumeria, debo citar a Adam Falkenstein, de Heidelberg, y a Thorkild Jacobsen, del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago. Sus nombres y sus obras aparecerán con frecuencia citados en el texto del presente libro. Además, en el caso de Jacobsen resulta que se ha desarrollado entre nosotros una estrecha colaboración, como consecuencia de los hallazgos de inscripciones en la expedición conjunta que el Instituto Oriental y el Museo de la Universidad realizaron a Nippur durante los años 1948-1952. Las estimulantes y acuciadoras obras de Benno Landsberger, una de las mentalidades más creadoras en estudios cuneiformes, han sido para mí una constante fuente de información y orientación; en especial, sus obras más recientes, que constituyen otros tantos imponderables tesoros de lexicografía cuneiforme.

Pero es a Amo Poebel, la máxima autoridad en sumerología del pasado medio siglo, a quien mis investigaciones deben más. Hacia el año 1930, como miembro que era yo de la redacción del Diccionario Asirio, del Instituto Oriental, estuve sentado a sus pies y bebí sus palabras. En aquellos días en que la sumerología era una disciplina poco menos que desconocida en América, Poebel, maestro indiscutido de metodología sumerológica, me ofreció generosamente su tiempo y sus conocimientos.

La sumerología, tal como ya puede suponer el lector, no se cuenta entre las asignaturas esenciales de las universidades americanas, ni aun entre las mayores de ellas, y el camino que yo escogí no estaba precisamente alfombrado de oro. La ascensión hacia una cátedra más o menos cómoda, pero relativamente estable, iba marcada por una constante lucha con los medios económicos disponibles. Los años que van desde 1937 a 1942 fueron muy críticos para mi carrera universitaria, y, de no haber sido por una serie de donativos por parte de la «John Simón Guggenheim Memorial Foundation» y de la «American Philosophical Society», mi carrera habría podido terminar prematuramente. En estos últimos años, la «Bollingen Foundation» me ha facilitado el poder contar con alguna ayuda de tipo secretarial y científico para mis investigaciones sumerológicas, y al mismo tiempo me ha proporcionado las posibilidades para poder viajar por el extranjero, en relación con mis estudios.

Estoy profundamente agradecido al Departamento de Antigüedades de la República de Turquía y al Director de los Museos Arqueológicos de Estambul, por su generosa cooperación, ya que hicieron posible poner a mi alcance las inscripciones literarias sumerias del Museo del Antiguo Oriente, cuyos dos conservadores de la Colección de Inscripciones, Muazzez Cig y Hatice Kizilyay, me han sido constantemente de una ayuda considerable, especialmente por el trabajo que se han tomado al copiar varios centenares de fragmentos inscritos con porciones de obras literarias sumerias.

Finalmente, deseo expresar mi profunda gratitud a la señora Gertrude Silver, quien me ayudó a preparar las hojas mecanografiadas que forman este libro.

samuel noah kramer

Filadelfia, Pensilvania

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05.03.08

José Gervasio Artigas - Obra Selecta

Publicado en Historia tagged , , en 10:52 pm por ellibrero

Selección y prólogo: Lucía Sala de Touron. Cronología: Ana Salom. Bibliografía: Niurka Sala
Materias: Historia de Latinoamérica s. XIX, Pensamiento político s. XIX, Emancipación latinoamericana
Páginas: LXXI + 156
País: Uruguay
Artigas (1764-1850) figura desde los comienzos mismos del proceso de Emancipación en la nómina de los libertadores hispanoamericanos, los hombres que con sus acciones bélicas y sus gestiones cívicas forjaron las nacionalidades. Desde luego que cada caso fue diferente y así ocurrió en la Banda Oriental que originaría el Uruguay moderno, particularmente por las incidencias que tendrán sobre ese territorio las políticas y presiones de Argentina, Brasil y las potencias europeas de la época. Este volumen ofrece los documentos esenciales en los que se dibuja la actuación de Artigas en la liberación de su patria desde 1811, así como la interrelación de estos hechos con el proceso latinoamericano del momento.

Milcìades Peña, Historia Argentina, 2 obras suyas

Publicado en Argentina, Historia tagged , , en 10:36 pm por ellibrero

Milcíades Peña (p)

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Milcíades Peña (1933-1965) fue un historiador, político y pensador argentino. Militante trotskista, se dedicó a la estudios históricos y publicó en distintas revistas, entre ellas Fichas que fundó y dirigió. El revisionismo histórico lo considera un miembro del ala izquierdista de esa tendencia historiográfica.

Bibliografía [editar]

  • Antes de mayo. Formas sociales del trasplante español al nuevo mundo
  • El paraiso terrateniente
  • La era de Mitre. De Caseros a la guerra de la triple infamia
  • De Mitre a Roca. Consolidación de la oligarquía anglo-criolla
  • Alberdi, Sarmiento, el 90. Límites del nacionalismo argentino en el siglo xix
  • Masas, caudillos y elites. La dependencia argentina de Yrigoyen a Perón
  • Industria, burguesía industrial y liberación nacional
  • El peronismo (selección de documentos para la historia)

Para descargar

Alberdi, Sarmiento, el 90


Alberdi, Sarmiento, El 90: Limites del nacionalismo argentino en el siglo XIX.
Este trabajo, preparado y escrito por Milciades Peña durante los años 1955 a 1957, forma parte de un estudio de mayor envergadura sobre la formación y perspectivas de las clases sociales en la historia argentina. A los efectos editoriales la obra completa ha sido dividida en tomos menores que pueden ser leídos como unidades independientes; la lista completa de los mismos figura en la contratapa con la indicación de la época que abarca cada uno.
Cabe aclarar que el capítulo sobre la Revolución del 90 que se publica en este tomo, apareció como un artículo independiente en la revista Fichas de Investigación Económica y Social (Nº 6, junio de 1965).
Debido al prematuro fallecimiento del autor en diciembre de 1965, los textos originales fueron revisados y corregidos por Luis Franco en el aspecto meramente externo, respetando en absoluto, claro está, las ideas y expresiones del autor.
Los subtítulos han sido agradados expresamente para esta edición. Las referencias bibliográficas fueron revisadas, cambiándose en algunos casos por ediciones más modernas de la misma obra.

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http://rapidshare.com/files/112343425/Penia_Milciades_-_Masas-Caudillos_y_Elites-pdf.zip.html

Masas, caudillos y elites

Mientras se está proyectando reeditar su obra completa (por labor de H. Tarcus y “El Cielo por Asalto), aquí un fragmento de Masas, caudillos y elites segundo tomo de Libros claves para entender la Historia Argentina, tomado de la “mítica” Ediciones Fichas, 1971. La claridad conceptual y análitica de Peña lo convierten en uno de los más importantes historiadores argentinos, obviamente silenciado por la academia.
Todas esas clases y sectores de clases, distintos y contradcitorios, se sumaron en la UCR. EL radicalismo era “el gran movimiento de opinión” (Yrigoyen) canalizado por una eficiente maquinaria electoral a quien todo el mundo votaba sin saber exactamente por qué. Pero semejante partido no es otra cosa que un cero grandioso, y efectivamente eso era el radicalismo argentino. Su único programa llamábase “sufragio universal”, reivindicación democrática y burguesa con la cual estaba de acuerdo todo el país —exepto naturalmente la élite oligárquica cuya posesión del poder político se basaba justamente en la inexistencia del sufragio universal. Más allá no iba la UCR. Otras revindicaciones enteramente democráticas pero realmente radicales —es decir, que iba a la raíz de los problemas nacionales— tales como la distribución de las tierras de los terratenientes y la liberación del país del yugo imperialista británico, le eran completamente extrañas al partido de Hipólito Yrigoyen (…) En ves de un programa político, Yrigoyen ofrecía una mística y el culto a su personalidad mesiánica que, bien entendido, servían al fin plenamente político de conservar juntos intereses contradictorios que integraban la masa amorfa del radicalismo. “Su causa es la de la Nación misma y su representación la del poder público. Es sublime la majestad de su misión, y a ella entrega sus fervores infinitos, se robustece y vivifica constantemente en las puras corrientes de la opinión; es la escuela y el punto de mira de las sucesivas generaciones y hasta el ensueño de los niños y el santuario cívico de los hogares (carta a Pedro Molina, setiempre de 1909)”. Todo eso no quería decir nada, y por lo mismo cualquiera podía atribuirle el significado que quisiera.
En consecuencia, todos votaban por el radicalismo: terratenientes, industriales, pequeñoburgueses, obreros. Pero la UCR no los representaba a todos, ni todos controlaban a la UCR: el núcleo esencial y dirigente del partido, el que determinaba la política efectiva y desprendía de su propio medio ministros y altos funcionarios, estaba perfectamente mancomunado en ideas e intereses fundamentales con el imperialismo inglés, con la burguesía terrateniente argentina, con el capital financiero e industrial tan íntimamente vinculado a los dos primeros, con ejército, y la iglesia. Las cuatro quintas partes de la UCR eran populares, pero el quito decisivo —el dueño de casa que trazaba y ejecutaba la política— servía al imperialismo y a la burguesía argentina.

(Perdì la fuente de donde saquè el comentario, si alguien la encuetnra aviseme por favor)

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04.29.08

Roux, Georges - Mesopotamia Historia Politica, Economica Y Cultura (akal)l

Publicado en Historia tagged , , en 1:26 am por ellibrero

Libro

Autor : Roux, Georges
Editor : Ediciones Akal, S.A.
Lengua : Castellano
Lanzamiento : 1990
Formato : De cartón
Largo : 22
Ancho : 23
Número de páginas : 496

Una obra general e imprescindible, tanto para los especialistas en Antiguo Oriente como para el público interesado en conocer los orígenes históricos y culturales de la civilización occidental. Especial De Mesopotamia a Irak

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04.27.08

La presidencia interina de Victoriano Huerta - Rosendo Bolivar Meza

Publicado en Biografías, Historia tagged , , , , en 8:31 pm por ellibrero

ISBN: 970-18-3108-X
CÓDIGO DE BARRAS
NO. DE PÁGINAS 95
FORMATO 15 x 22.2 cm
Rústica, cosido
NO.DE EDICIÓN Primera reimpresión
FECHA 2001
FONDO: IPN

Victoriano Huerta considerado como personaje nefasto por su participación en uno de los episodios más negros de la historia de México –la Decena Trágica- se ha mantenido alejado del interés de historiadores e investigadores, lo que ha dejado, si no un vacío en el estudio de esta etapa de la Revolución mexicana, al menos un análisis que dista mucho de ser completo, particularmente en lo que atañe a las medidas de carácter económico, político y social que se implantaron durante los ocho meses de gobierno huertista. La presidencia interina de Victoriano Huerta (febrero-octubre de 1913), aporta diríamos arriesga –resultado de una tarea ingente y ardua entre archivos de la época y bibliografías especializadas-, nuevos modos de acercarse ya no tanto al ascenso de Huerta al poder, aspecto de todos el más conocido, sino a otros tantos –política pacificadora, características peculiares de su gobierno, relaciones con el exterior- poco explorados y que ahora son recogidos en este volumen con la idea de sentar las bases para una más amplia comprensión de este personaje y las repercusiones de sus actos de gobierno para el futuro político del país.

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04.26.08

Maitland & San Martín - Terragno Rodolfo

Publicado en Argentina, Historia tagged , , en 10:03 pm por ellibrero

Se estableció en Mendoza, formó allí un ejército, cruzó con sus hombres la cordillera de los Andes, derrotó a los realistas en Chile, armó una flota, continuó por mar a Perú, desembarcó con su ejército, entró en Lima y se adueñó del corazón del imperio español en América.
Un militar criollo, José Francisco de San Martín, llevó a cabo esa formidable campaña entre 1814 y 1821.
Un militar escocés, Thomas Maitland, había concebido el plan en Londres, a principios de 1800″
.
Así comienza esta obra que revela un plan hasta hoy desconocido elaborado por un escocés dos décadas antes de la gesta de San Martín. Este hallazgo engrandece la figura del Libertador: no fue un “iluminado”, fue un gran estratega que se preparó muy bien para la empresa que iniciaba y estudió todos los elementos disponibles para el éxito.

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04.22.08

Introducción a la Mitología - Lewis Spence

Publicado en Historia, Mitologìa tagged , en 2:46 am por ellibrero

“El libro que les presentó tiene como objetivo introducirnos en la mitología como ciencia, sobretodo a quienes recien se sumergen en este maravilloso mundo. La obra se inicia entregando ciertas definiciones necesarias para la comprensión del volumen como lo son mito, mitología, folclore, entre otros. A su vez, realiza comparaciones entre religión, mito y folclore. Continua con la descripción de las etapas por las cuales han evolucionado las “creencias” humanas, desde el prístino animismo hasta la desarrollada religión monoteísta. ¿Ustedes se preguntarán por qué destaco su condición de desarrollada? Veamos un poco al autor.

Lewis Spence publicó esta obra en 1921, cuyo nombre original es An Introduction to Mythology. La obra está plagada en muchos aspectos de filosofía positivista y un marco teórico del mismo orden. La lógica de tipo explicativa se revela claramente en los términos y juicios usados, no obstante Spence, de algún modo, mantiene un equilibrio con el fin de entregar juicios comprensivos propios del mito, más que etiológicos (propios del positivismo). A ratos molesta las calificaciones de indómito, salvaje, incivilizado en mitos de origen americano, africano y oceánico debido a que se lee, entre líneas o abiertamente, una comparación valórica con el “alto desarrollo” de los mitos y religiones indoeuropeas.

En mi opinión un mito o religión no puede ser sopesado por su trascendencia histórica o su amplitud de campo, ya que esto obedece a factores externos (geografía, cohesión de quienes participan en el, métodos de permanencia en el sistema cultural y formas de transmisión entre muchos otros factores) y no al mito en sí. La sacralidad de nuestras creencias (ampliable a ideologías, filosofías, etc) siempre influirá en la percepción de las ajenas haciendo que nuestra valorización sea alta en las primeras y bastante austera en las segundas.

Siguiendo con el libro a continuación el autor describe las diversas etapas por las que ha atravesado la ciencia mítica. El desarrollo de esta parte considera la pregunta ¿Qué es el mito, su origen y su significado? y recorre las distintas teorías planteadas por las diversas escuelas. Primero parte con la antigüedad presentándonos a Jenófanes de Colofón(540-500 a.c) conocido por su crítica al antropomorfismo del panteón griego:

“Hay un dios, el mayor entre los dioses y hombres , no parecido a los mortales ni en forma ni en pensamientos… Sin embargo, los hombres imaginan que los dioses han nacido y tienen ropas y voz y cuerpo, como los de ellos mismos. Incluso si el ganado, los leones y los caballos, tuvieran manos para esculpir imágenes, harían los dioses parecidos a ellos mismos y les harían cuerpos como los de ellos mismos.(pág.46)”

sí pasa por diversos estudiosos de la antigüedad como Teágenes de Regio, Ferécides de Siro, Hecateo de Mileto, Sócrates , Prodico, Ferécides de Leros y una mención destacada a Ehumero que “vivía bajo el poder del rey Cassandro de Macedonia(pág.47)”. Posteriormente el autor hace una mención al estudio del mito durante el medioevo donde no destaca a ningún personaje :“El Medievo no produjo críticos del mito dignos de atención(pág.49)” juicio bastante típico y por cierto odioso y trasnochado con respecto a la edad media, pero discutir esto nos daría para largo. Debemos remitirnos al estado de la ciencia histórica en la época en que fue redactada esta obra para comprender la naturaleza de dichas palabras.

El autor sigue con los siglos XVII y XVIII. Aquí nos presenta las posturas de Francis Bacon (1561-1626), De Brosses (1709-1777), Lafitau, el abad Banier, Bryant (1715-1804), Thomas Taylor (1758-1835), entre otros, Destaca además a Friedrich Schelling (1775-1854) el cuál lo presenta como “el primero en ver una conexión entre la formación de los mitos y el desarrollo nacional(pág.51)”.

La escuela filológica encabezada por Max Müller (1823-1900) es la que describe a continuación y que se desarrolla en varias páginas, considerando tanto a sus seguidores como a sus detractores. Le sigue a esto la escuela antropológica la cual se encargó de dar “el golpe final a la pretensión del método filológico como ’solución universal’ de los problemas míticos”. La influencia sociológica viene de la mano de Herbert Spencer (1820-1903). Otro de los grandes dentro del estudio del mito es Sir James George Frazer, famoso por la obra The Golden Bough el autor se refiere a él como “uno de los más grandes nombres modernos en la ciencia de la religión primitiva”.

Todo lo planteado anteriormente corresponde al capítulo II del volumen denominado “El Progreso de la ciencia mítica”, el capítulo III títulado “La Evolución de los Dioses” nos describe las diversas formas en como se manifiesta la deidad ya sea con fetiches, totems y la concepción de ancestros divinizados.

El capítulo siguiente es una clasificación de las deidades, el autor las divide en solares, del trueno, marinas, lunares, agrícolas, píricos, eólicas y terrestres. Continua con las clasificaciones, pero esta vez con un ordenamiento de los mitos, los clasifica en: Mitos de la creación (Tierra y hombre), del origen del Hombre, de las inundaciones, de un lugar de recompensa, de un lugar de castigo, del sol, de la luna, de los héroes, de las bestias, de los ritos y costumbres, de viajes y aventuras hacia el mundo de los muertos, del tabú, del desmembramiento, de la dualidad divina, del origen de las artes y del alma. Aquí cita ejemplos de diversas culturas tanto indoeuropeas como americanas, africanas y oceánicas.

Uno de los capitulos más interesantes (sobre todo para el neófito) es el titulado “La Creación del mundo y del Hombre” en donde presenta las diversas cosmogonías de los pueblos indoeuropeos, americanos, africanos y oceánicos. Como no hay cosmogonía sin escatología, el siguiente capítulo nos habla de las ideas de paraíso y lugares de castigo de las diversas culturas mencionadas en toda la obra.

El autor continua con el capítulos referido al Folclore y Mito, el cual desarrolla una suerte de comparativa y descripción de estos conceptos y como se relacionan entre si, de la misma forma lo hace con el capítulo siguiente titulado “Ritual y Mito”.

Un capitulo muy interesante es el referido a las fuentes de estudio, aquí el autor nos habla del Libro de los muertos de los egipcios, la epopeya babilónica conocida como Poema de Gilgamesh, los Vedas, la popular saga griega compuesta por La Ilíada y La Odisea, el Kojiki japonés, los Eddas, el Mabinogion, Popol Vuh entre otros.

Por último la obra termina con un capítulo recopilatorio llamado “Los Grandes Sistemas Míticos del Mundo” en donde describe el sistema grecorromano, el egipcio, babilónico, hindú, teutón, celta, aztecas, chinooks, chactas y para sorpresa de muchos una extensa reseña a los araucanos (págs. 334-341).

Como introducción al estudio y conocimiento de mitos el libro no se queda corto, sin embargo hay que tener suficiente lucidez como para mantener las distancias respecto de los juicios y análisis realizados por el autor, cómo dije al principio esta obra fue publicada en 1921 y en los casi 100 años que han transcurrido ha fluido bastante agua bajo el puente. A pesar de esto último lo recomiendo totalmente ;).

Introducción a la Mitología. Lewis Spence, Edimat Libros, ISBN 84-8403-297-3

Gracias a el Blog de Jorge Andrade por tan interesante reseña, si quieren ver la página original les dejo el link PULSAR AQUI

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(PIDE PASSWORD: Turko)

04.21.08

Prontuario de historia de la cultura en occidente De la antigüedad al período moderno - Acosta Sol, Eugenia

Publicado en Historia tagged , , en 12:20 am por ellibrero

Un prontuario, consiste de anotaciones breves, esenciales, de asuntos o cosas, relacionadas con un mismo tema. Esto es lo que se ha pretendido lograr en este texto dirigido a estudiantes de ciencias exactas, en cursos de historia genera, o de alguna rama específica como historia de la ciencia, de la arquitectura, entre otras.

Prontuario de historia de la cultura en Occidente presenta la ubicación en el tiempo de cada cultura o periodo a través de síntesis de desarrollo histórico o cronológico y la ubicación espacial de las por medio de mapas; da cuenta de los sistemas económicos, políticos y sociales, y presenta un bosquejo de los “sistemas básicos de pensamiento”: religión, ideas éticas, corrientes intelectuales, aparición del pensamiento filosóficos, según sea el caso, de cada cultura.

A pesar de su brevedad, el recorrido por culturas que aportan o configuran la civilización de Occidente es sólido, y se ha incluido un capítulo sobre la cultura prehispánica y apéndices sobre el Virreinato de la Nueva España y del siglo XIX mexicano, para ubicar el pasado de nuestro país en el contexto histórico general.

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04.19.08

SEOANE, MARIA | RUIZ NUÑEZ, HECTOR - LA NOCHE DE LOS LAPICES

Publicado en Argentina, Historia tagged , , en 11:49 am por ellibrero

A los chicos, siempre.
Y a todos los adolescentes que, como ellos,
se sienten comprometidos
con la solidaridad y la justicia,
y no consideran una utopía
proponer un mundo
donde sea más digno vivir.

Noche de los lápices

Se conoce como la noche de los lápices a una serie de secuestros de diez estudiantes secundarios, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 y días posteriores en la ciudad de La Plata, Argentina. Este suceso es uno de los más representativos dentro de lo que se conoce como “la represión” impuesta por la dictadura argentina englobada en el plan del Proceso de Reorganización Nacional, ya que las desapariciones se realizaron sobre estudiantes, en su mayoría, menores de edad.

El caso tomo notoriedad pública en 1985 luego del testimonio de Pablo Diaz, uno de los sobrevivientes en el Juicio a las Juntas. Él mismo participó de la creación del guión que llevo la historia en 1987 al cine.

Tan sólo tres de los estudiantes secuestrados sobrevieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura. Aunque algunos grupos de militares retirados niegan los hechos como válidos, el estado argentino —en su totalidad— reconoce su accionar en lo ocurrido.

Causas

Las víctimas eran en su mayoría militantes o ex-militantes de la Unión Estudiantil Secundaria (UES) de La Plata, esta agrupación, junto a otras habían reclamado en 1975 ante el ministerio de Obras Públicas el otorgamiento del boleto estudiantil secundario, en ese momento inexistente. Aunque oficialmente ningún documento oficial asegura que las desapariciones se realizaron a causa del reclamo por el pedido del boleto estudiantil, y hasta dos de los sobrevivientes niegan la relación directa entre los secuestros y el reclamo estudiantil específico, los diferentes testimonios aportados por los sobrevivientes tanto en la CONADEP como en el Juicio a las Juntas intuyen a esta teoría como válida.

Contratapa

La Plata, invierno del ‘76. Como en años anteriores, los estudiantes secundarios luchan por una sentida reivindicación: el boleto escolar. Pero en el país impera el terrorismo de Estado, y la respuesta no puede ser más brutal. Arrancados de los brazos de sus padres, son secuestrados por los hombres de Camps. Algunos luego recuperan la libertad y así es posible reconstruir los detalles del cautiverio y el horror a que fueron sometidos.

María Seoane y Héctor Ruiz Núñez han ido más allá del planteamiento de una rigurosa investigación plenamente lograda. Han buceado en los recuerdo de sus familiares y amigos, en los papeles y cuadernos y en la historia viva de cada uno de estos chicos que continúan desaparecidos, para iluminarlos con la fuerza de sus sueños y la ternura adolescente que no pudieron destruir sus verdugos.

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