05.12.08

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión - Victor Serge

Publicado en Ensayo, Filosofia, Historia tagged , , en 12:22 am por ellibrero

Víctor Serge
Un revolucionario humanista
Francisco de Cabo
Iniciativa Socialista, nº 12, diciembre 1990

De Víctor Serge, nombre de “guerra” de Víctor Luovich Kibalchich Paderevski, nacido en Bruselas, hijo de exiliados rusos, casado con Liouba Roussakova, con la que tuvo dos hijos, Vladimir, conocido por Vlady, renombrado pintor que reside en México, y Jeannine, que trabaja en el Centro de Estudios Básicos en Teoría Social de la Universidad de México, se cumple este año el centenario de su nacimiento.

Se han difundido mucho, quizá demasiado, las frases difusas de “escritor comprometido” y de “compañero de viaje” a escritores que han sido simples “outsider”, que sólo han visto los toros,todo lo más, desde la barrera pero sin soltar amarras del “statu quo” de la sociedad que los arropa confortablemente. Todo lo contrario fue la vida y la obra del escritor Víctor Serge. Desde la adolescencia se comprometió a ultranza con los humildes, con los desheredados de las sociedades del signo que fueran y hasta su muerte conservó incólume su yo independiente sin menoscabo de sus ideas redentoras de los desamparados. La obra de escritor de Serge es muy extensa y variada pero en ninguno de sus libros, aunque sea una novela con personajes de ficción, no se puede uno imaginar al autor cómodamente sentado en un escritorio, distante de los seres simbólicos que crea: Serge,el hombre de carne y huesos, está inmerso en las criaturas que forja, las cuales son unos seres que reflejan sus propias angustias.

Víctor Serge, en este aspecto como en otros poseía una semblanza humana parecida a Andreu Nin, que no fue rencoroso ni devolvió injurias. En su folleto “Su moral y la nuestra” Trotski le lanza una diatriba indigna de un hombre de su talla intelectual y revolucionaria: “El secreto, sin embargo, consiste en que, al reivindicar la libertad para sí mismo (para Serge) y para sus semejantes; la libertad de escapar a toda vigilancia, a toda disciplina; inclusive, si esto fuera posible, a toda crítica…”. “Si Víctor Serge abordara seriamente los problemas de la teoría, se sentiría confuso -ya que quiere desempeñar papel de ‘innovador’- de hacernos regresar a Bernstein, a Struve y a todos los revisionistas del siglo pasado, que trataban de injertar el kantismo en el marxismo, es decir, de subordinar la lucha de clases del proletariado a principios colocados por encima de ella”. Trotski, para poder rebatir a Serge, emplea el viejo sofisma de hacerle decir conceptos que nunca pasaron por la imaginación de éste. Pero dejemos este tema. Lo que quiero significar es que Serge nunca contestó a estas injurias y otras peores, siguiendo el mismo método que Nin. Tanto uno como el otro amaban y respetaban a Trotski demasiado para atreverse a polemizar con él. En 1944, asesinado ya Trotski, Serge escribió sobre él estas comprensivas palabras: “A pesar de los crímenes, a pesar de su
propia muerte que se acercaba de día en día, se negó a reconocer que la URSS había dejado de ser un ‘Estado Obrero Socialista’ y que en ella se hubiera establecido un nueva sistema de totalitarismo. Creyó poder llevar sobre sus espaldas el peso de una nueva Internacional, la Cuarta, continuadora de la Tercera. Voluntarioso y utopista se separó del conjunto del movimiento socialista. Se empeñó en hacerse el mantenedor de un bolchevismo de épocas pasadas y que en la actualidad ya nadie puede comprender. Se mostró intransigente con revolucionarios que le querían y comprendían, pero no querían seguirle por estos caminos. Intervino en las disensiones y en las escisiones de minúsculos partidos que no forman más que sectas fieles a fórmulas muertas. Nosotros nos explicamos muy bien, desde un punto de vista psicológico, su tensión interior y el drama de su soledad”.

Serge no se consideró nunca un “bolchevique leninista”, dos palabras que pronunciadas juntas son redundantes pues con sólo decir bolchevique ya se dice leninista. Pero esto no significa que Serge no admirara a Lenin, que, como verdadero hombre de genio, personificaba la sencillez en el trato con los demás y cuya autoridad provenía de su poderosa personalidad. En un artículo publicado en “La Batalla” en marzo de 1937 Serge escribe en el último párrafo, refiriéndose a Lenin, estas significativas palabras: “No se creía infalible y tampoco lo era. Ha cometido grandes errores y a menudo en su más justa acción una parte de error se mezclaba a una extraordinaria perspicacia. En conjunto, su obra permanece, no obstante, como un nuevo punto de partida en la historia, un magnífico ejemplo de devoción a la clase obrera, una aplicación victoriosa del pensamiento marxista a la lucha de clases. Hacia ésta miramos hoy como hacia una luz, y no hacia su lúgubre despojo embalsamado en Moscú bajo un pesado mausoleo”.

Como escritor revolucionario e independiente que era se había condenado a sí mismo a no ver publicados sus escritos por no someterse a los dictados de los poderes de uno y otro bando. En su época, y aún perdura, un intelectual contrario al estalinismo y al “statu quo” occidental se veía acosado por la estrechez económica. El que escribe estas líneas puede dar fe de ello al gestionar inútilmente la publicación de sus obras en el mercado editorial de la Argentina -en aquella época centro editorial de la lengua castellana por no poder publicarse en la España franquista nada que oliera a izquierda- al ser rechazadas al mencionar el nombre de Víctor Serge como autor. Si algún libro se editaba era clandestinamente por editoriales “piratas” -que proliferaban en la América de habla castellana- y como “era lógico” no pagaban derechos de autor. A pesar de la crítica situación en que vivía, en sus cartas no se reflejaba ningún enojo, una prueba más de su fortaleza moral.

El sentido de la solidaridad humana y de la solidaridad a las amistades eran atributos de la recia personalidad de Víctor Serge. Prueba de ello fue la campaña de solidaridad internacional que organizó, junto con personalidades como Magdeleine Paz, Marceau Pivert, Alfred Rosmer, Pierre Monatte y otros, para salvar las vidas de los dirigentes del POUM amenazados por un Proceso al estilo de los de Moscú. No pudieron salvar la vida de Andreu Nin pero llegaron a tiempo para salvar las de los demás miembros del Comité Ejecutivo. Negrín y su Ministro de Justicia, González Peña, el “héroe” de la comuna asturiana de 1934, presionados por el escándalo internacional producido por la “desaparición” de Andreu Nin debido a la campaña de solidaridad y de denuncia internacional organizada por Víctor Serge y sus amigos por el crimen que se estaba preparando en España, se vieron obligados a acomodar un Tribunal Especial con jueces moderados prosocialistas para que dictaran una sentencia de acuerdo a las especiales circunstancias del momento y que no dejara en ridículo a la “ayuda rusa” y a su promotor Stalin.

Aún perdura la polémica sobre la tragedia de Kronstad como una mancha negra imborrable en la historia de Octubre. Y lo peor no fue la matanza en sí sino la interpretación histórica de los hechos y las acusaciones falsas contra los protagonistas por los “bolcheviques leninistas”. El quid, la razón de que aún perdure la polémica sobre el drama de Kronstad es que los dos bandos tenían razón en muchos aspectos de los motivos de aquella lucha sangrienta entre hermanos, pero la razón última, la “razón de Estado”, estaba del lado de Lenin y Trotski. Serge, impulsado por sus orígenes libertarios de los que nunca pudo desprenderse, por fortuna, se decantó por los grandes perdedores, los marinos revolucionarios que lucharon para conservar la pureza de los ideales de Octubre de 1917. Era la posición que correspondía a un sensible revolucionario humanista como era ante todo Víctor Serge que se sobreponía a la del frío calculador político en un caso tan difícil como era el de Kronstad.

Poco antes de ser detenido en febrero de 1933 por Stalin, previendo que le podría ocurrir lo peor, Serge escribió una carta-testamento a sus amigos extranjeros que le retrata íntegramente. Resalta en ella su abominación de la represión política contra el discrepante, el disidente; maldice la pena de muerte como sistema, la deportación, el exilio, la prisión como recurso para hacer callar a cualquier opositor en el movimiento obrero. En el apartado segundo de su carta escribe textualmente: “El hombre y las masas tiene derecho a la verdad. No acepto la falsificación sistemática de la historia y de la literatura… Considero que la verdad es una condición de la salud intelectual y moral. El que habla de verdad, habla de sinceridad. Derecho del hombre a una y a otra”. Estas verdades eran válidas -debe entender el lector- para un país supuestamente socialista como la URSS que había dejado de serlo desde hacia tiempo por no haberlas respetado, pero no para el mundo capitalista en que la
mentira es su razón de ser y de perdurar. Las razones morales absolutas abstractas, “kantianas”, no sirven para el sistema de la libertad de mercado en que éste no podría existir sin el engaño. La verdad, en el sistema capitalista, es de un carácter eminente de clase. En el tercer apartado de su carta-testamento escribe en defensa del pensamiento: “Estimo que el socialismo sólo puede engrandecerse en el orden intelectual gracias a la emulación, la búsqueda, la lucha de ideas. Considero que el socialismo no tiene que temer al error, siempre corregido con el tiempo por la propia vida, sino al estancamiento y a la reacción; que el respeto del hombre presupone para éste el derecho a conocerlo todo y la libertad de pensar. El socialismo no puede triunfar contra la libertad de pensamiento, contra el hombre, sino, al contrario, gracias a la libertad de pensar y mejorando la condición del hombre”.

Víctor Serge murió como un don nadie en 1947 en el exilio mexicano agotado por años de persecuciones, de prisiones, de cautiverio y de miseria material, en un taxi, víctima de un fulminante síncope cardíaco. El chofer, sin saber quién era y desconociendo su domicilio, lo condujo a una comisaría de policía considerándolo un pordiosero por su traída indumentaria. Triste destino final para un intelectual revolucionario. Y termino esta semblanza de Víctor Serge con las nobles palabras que escribió Juan Andrade con motivo de su fallecimiento: “En la perspectiva histórica, su acción será juzgada con mayor objetividad. Pero hay un hecho evidente: si su esfuerzo no ha sido coronado por el éxito, ha sido un alerta, un estímulo y un ejemplo de conducta para las generaciones presentes y venideras. Y para mí, la generación de la Revolución de Octubre que ha quedado insometida, de la que Víctor Serge fue figura principal, ofrece la magnífica bondad de una adhesión absoluta y heroica al proletariado y al espíritu humano”. Pero tanto del uno como del otro, que no han visto el desmoronamiento total del “socialismo real” que significa en sí un atisbo poderoso esperanzador, a pesar de la ocultación transitoria por un eclipse momentáneo que cumple una ley natural, de un cambio total hacia un nuevo socialismo verdaderamente democrático, podemos decir con conocimiento de causa que su conducta de incorrupción política fue el camino duro pero verdadero que guía y
conduce ahora a la clase obrera y a los pueblos oprimidos a renacer de sus cenizas por tenues que sean las brasas que quedan.

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión

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Reflexión Ética sobre el racismo y la xenofobia: Fundamentos teóricos - Alberto Hidalgo Tuñón

Publicado en Ciencias Sociales / Sociología, Ensayo, Filosofia tagged , , , en 12:09 am por ellibrero

ALBERTO HIDALGO TUÑÓN (Asturias)

Profesor Titular de “Sociología del Conocimiento y de la Ciencia” en la Universidad de Oviedo. Catedrático Numerario de I.NE.M. desde 1975. Elegido Presidente de la SAF (Sociedad Asturiana de Filosofía) en diciembre de 1981 organizó cuatro Congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias, durante la década de los 80 y publicado tres volúmenes de Actas. Como escritor ha colaborado en diversas revistas y periódicos. Entre su actividad editorial figuran libros de texto e investigación como Historia de la Filosofía (Madrid, 1978), Symploké (Madrid, 1987), “Descartes en Contexto” (Alicante, 1986), colaboraciones en Diccionarios (v.g. el Diccionario de Filosofía Contemporánea de Miguel Ángel Quintanilla, Salamanca, 1976; el Dictionnaire del Philosophes de Denis Huisman Paris, 1984; el Diccionario de Ciencias de la Educación, Madrid, 1985 o la Terminología científico - social. Aproximación crítica, de Román Reyes Barcelona, 198 8) y ensayos como Neo - Fundamentalism - The Humanist Response, (New York, 1988), La teoría de la organización ante el fenómeno de las asociaciones juveniles, (Oviedo, 1992), Reflexión ética sobre el Racismo y la Xenofobia (Madrid, 1993), ¿Qué es esa cosa llamada ética? (Madrid, 1994) o Racismo y Xenofobia (Estella, 1996). Es coordinador de Ciencia, Tecnología y Sociedad (Algaida, Sevilla, 1999). Ha compatibilizado su trabajo académico con actividades sociales en ONGS. Con esta sensibilidad ha impartido numerosas conferencias en distintos foros. Miembro fundador en 1991 del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad en Asturias, en 1995 fue elegido Presidente orientando su actividad hacia la Cooperación Internacional al Desarrollo. (http://www.netcom.es/sallibro/escritor/hidalgo.html)

Estimado/a amigo/a:

Te agradecemos tu interés por la campaña «Jóvenes Con­tra la Intolerancia». El libro que ahora tienes entre las ma­nos ha nacido de la inquietud de un grupo de Organizacio­nes no Gubernamentales por el incremento de las actitudes racistas y xenófobas en nuestra sociedad.

Pensamos que una de las claves para evitar el desarrollo de estas actitudes es llevar a las aulas, a los centros cultura­les y asociaciones juveniles, una discusión en profundidad del tema y enfocarlo positivamente mostrando las ventajas de una cultura de la diversidad.

Partiendo de este planteamiento, diversos expertos en la materia han elaborado una serie de textos didácticos para su uso por profesores, alumnos, animadores socioculturales y jóvenes en general que configuran la colección de libros «Jó­venes Contra la Intolerancia».

La calidad de este trabajo que aquí te presentamos es para nosotros altamente satisfactoria y pensamos que puede ser muy útil para llevar a tus clases, asociación o centro cultu­ral, uno de los temas de mayor actualidad.

Nos damos cuenta que estos textos son sólo un primer paso y que el momento realmente importante está en su uti­lización para el debate y la dinámica social que tú puedes lle­var a cabo. Contamos contigo para ello.

Recibe un cordial saludo y nuevamente nuestro agrade­cimiento por tu interés.

Comité de Dirección

Jóvenes Contra la Intolerancia


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05.11.08

La Emboscadura - Ernst Jünger

Publicado en Filosofia tagged , , en 11:01 pm por ellibrero

Pequeño tratado del ‘emboscado’ -o persona que prefiere la libertad a la coacción mediática.

Publicado a principios de la década de 1950 tras la segunda guerra mundial, como una profecía para un pasado y un futuro intemporales, en los que las tiranías amenazan al individuo singular por todos los costados, y entroncando con la concepción de Hölderlin del eterno retorno de los titanes, este ensayo plantea la coacción de la técnica y la productividad en la era de las democracias participativas.

En una tiranía -más que numerosas durante el siglo XX, y potencialmente advenedizas en cualquier instante-, o en una democracia tecnócrata, en las que el individuo se ve sometido a fuerzas destructoras de la individualidad, o a la coacción mecánica de un mundo sin alma, el emboscado es la persona que opone resistencia a este ‘movimiento’ desde el sigilo, con la no-participación y la oposición invisible. En un momento en el que la humanidad vive en un mundo feliz mientras que la otra mitad habita en 1984, el bosque, como símbolo, es la patria de la persona libre, que decide vivir por sus propios medios; es el refugio de la persona de acción que opera sin ser apercibida, del que tiene una estrategia, del que sabe cuando actuar, de la que comprende el proceso, del que sabe esperar, del que sabe qué esperar.

Excelente estudio para entender / aproximarse a la situación mundial actual, incluyendo la persecución de los enteógenos. A la vez, un tratado sobre cómo encontrar la libertad personal dentro de un mundo de coacción mediática.

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05.10.08

J. P. Sartre y la dialectica de la cosificacion - Adolfo Arias Munoz

Publicado en Ensayo, Filosofia tagged , , en 2:46 am por ellibrero

  • Publication Date: 1987
  • ISBN-10 / ASIN: 8470464477
  • ISBN-13 / EAN: 9788470464478
  • Binding: Unknown Binding

Dentro de la colección de manuales de la serie «Historia de la filosofía» que publica la editorial Cincel, ha aparecido el volumen dedicado en exclusiva a la figura y al pensamiento de Jean-Paul Sartre. En palabras del propio autor del texto que aquí comentamos: «la presente obra, si bien podría considerarse como una introducción general al pensamiento de Sartre, es con más precisión una introducción al análisis de un problema concreto en la solución sartreana: el problema intersubjetivo» (Pp. 15-16). Doble perspectiva de intereses, pues, la que se ofrece. Por una parte, y como corresponde a las exigencias de la serie general en la que se inserta el libro, aquí se ofrece una visión global de la obra sartreana, desde sus textos literarios y ensayísticos hasta sus obras filosóficas fundamentales: El ser y la nada y la Crítica de la razón dialéctica. Por otro lado, y como señala el propio autor, los problemas particulares relativos a la intersubjetividad, tal como la tematiza Sartre, son los que reciben un tratamiento más detallado y minucioso.

El texto comprende diez capítulos. El primero contiene unos apuntes de la biografía vital e intelectual de Sartre; aquí se pasa revista brevemente a la dimensión política de su obra y a su actividad pública como intelectual comprometido con su época. El segundo trata de la obra literaria del pensador francés, y sirve para exponer, implicados en los contextos vitales que presentan sus novelas y obras de teatro, los problemas filosóficos fundamentales de los que se nutrirá la meditación sartreana. Los dos capítulos siguientes, más técnicos, se ocupan de la dimensión fenomenológica de la filosofía de Sartre así como del tema paralelo de la intencionalidad de la conciencia, en el que Sartre marca sus diferencias respecto de la teoría husserliana. Después de analizar los escritos iniciales del escritor francés, dedicados a la imaginación y a las emociones, el autor expone, con bastante detalle, entre otros aspectos, las complejidades de la así llamada por el propio Sartre «prueba ontológica», verdadero caballo de batalla de la Introducción a El ser y la nada, y, sin duda, una de las partes más difíciles de esa primera obra fundamental de Sartre. No obstante, la importancia de esta «prueba» es básica y decisiva, pues en ella se articulan ya las categorías fundamentales del en-sí y del para sí. Los tres capítulos siguientes exponen los contenidos de El ser y la nada: mala fe, angustia, el cuerpo, el otro, el conflicto intersubjetivo. Se echa en falta aquí, sin embargo, una tematización más explícita de categorías importantes dentro de la arquitectura global del texto sartreano, sobre todo y principalmente el tema del valor piedra clave en la articulación de El ser y la nada. El capítulo octavo trata explícitamente el tema de Dios y la religión en la filosofía de Sartre, para finalizar con dos capítulos últimos dedicados al marxismo sartreano y a la Crítica de la razón dialéctica. Aquí se exponen brevemente las relaciones marxismo-existencialismo, tematizadas por Sartre en Cuestiones de método, así como las categorías fundamentales de la Crítica: escasez (raretè), praxis y dialéctica. La introducción de estas nuevas categorías en el pensamiento sartreano, principalmente la de escasez, parece que supone la aparición de nuevos factores de análisis en la temática del problema intersubjetivo. En efecto, ahora la relación interpersonal se produce en el seno de un mundo cuyos bienes se presentan como escasos y por ello preciosos. De este modo, el otro es fuente de violencia y peligro, pero ante todo porque es un competidor virtual en la lucha por obtener esos bienes escasos necesarios para la supervivencia. De esta manera, el conflicto intersubjetivo se presenta ahora de un modo distinto a como aparecía en El ser y la nada: aquí, la relación intersubjetiva era violenta, pero esa lucha por el reconocimiento que Sartre estudia en su análisis, fascinante, de la mirada parece que es propiamente ontológica, suprahistórica. Incluso en el seno de una naturaleza ubérrima se presentaría tal lucha. En la Crítica, la violencia encuentra en la escasez el éter que la justifica y ya siempre la mediatiza; aquí, la conflictividad intersubjetiva adquiere rasgos más materiales y concretos: la violencia y la lucha por el reconocimiento ya no son tanto un puro afirmarse en el elemento ideal de la conciencia y la mirada, como una disputa por sobrevivir físicamente en el seno de una naturaleza ingrata. En resumen, la lucha interpersonal, que aparecía en El ser y la nada como un rasgo casi ontológico de todo encuentro entre conciencias, se mediatiza ahora a través de la categoría de la escasez. La lucha intersubjetiva cobra así rasgos históricos más concretos, pues cabe preguntarse: ¿es por definición la escasez incancelable?, ¿es la escasez una categoría estrictamente natural o está ya siempre culturalmente interpretada?, ¿es pensable una supresión o, al menos, una suavización de la escasez, en virtud, por ejemplo, de un progreso en el desarrollo de las fuerzas productivas y de una redistribución más uniforme de los bienes? ¿sería entonces superable el conflicto intersubjetivo? Es decir, ¿las raíces últimas del conflicto son principalmente ontológicas, fundadas en la estructura misma del para-si, o son quizás más bien históricas? ¿En un mundo, no necesariamente utópico, que hubiera superado en gran medida la escasez, la relación intersubjetiva estaría todavía presidida por el conflicto, como parecen sugerir implícitamente los análisis de El ser y la nada? Todas éstas son cuestiones que la meditación sartreana sobre la intersubjetividad nos lleva a plantearnos; se trata, en definitiva, de la tarea de pensar en general las relaciones entre ontología e historia, o, más en particular, entre El ser y la nada y la Crítica de la razón dialéctica.

Además de los diez capítulos señalados, finalmente, el volumen se completa,con fines pedagógicos, con un comentario de texto, un pequeño glosario de algunos términos básicos, una bibliografía de las obras de Sartre y sobre Sartre, y un cuadro cronológico comparado.
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Teorìa de la Religión - Bataille, Georges

Publicado en Ensayo, Filosofia en 2:44 am por ellibrero

Georges Bataille, el autor de El erotismo, Historia del ojo, El Abad C., Mi madre –entre otros títulos–, no es un humanista: lo que busca es algo anterior a lo humano, del orden de lo animal, algo irremisiblemente perdido. Su pluma reivindica la estirpe maldita de Sade, de Rimbaud, de Lautréamont, de Nietzsche, de Artaud (sorprendentemente), de Marx. Es claramente un escritor que tiene algo que decir: toda su narrativa, así como su obra filosófica y crítica, está destinada a clarificar ciertas ideas recurrentes.
La Teoría de la religión es un texto póstumo (el escritor murió en 1962 y Gallimard no lo publicó hasta 1973) que mantiene un dinamismo dialéctico con el conjunto de la obra de Bataille, de la que viene a ser condensación extrema. Si a la narrativa de Bataille, en su misma fuerza –y es el caso de Madame Edwarda–, puede imputarse la debilidad de ser hasta cierto punto literatura de tesis, la Teoría de la religión ofrece el sustrato filosófico de todo ese movimiento verbal que va, al igual que en los textos de Blanchot, en pos de una mise en abîme de la experiencia.
Estamos ante una historia íntima y a la vez económica del mundo, en la que las direcciones de la acumulación y el derroche –el orden social, el sacrificio ritual– están en relación con una enajenación del hombre respecto de un estado animal que Bataille define en función de una inmediatez o intimidad o inmanencia: “El animal está en el mundo como agua dentro del agua”, dice.
Bataille describe los movimientos más o menos sucesivos de una historia económico-religiosa cuyo detonador es aquella escisión primordial. Los espíritus como remedo de la inmanencia y en contraparte con el mundo de las cosas; lo sagrado y lo profano como cargas respectivas de esos dos mundos separados, el sacrificio como forma de reenviar a la inmanencia a un ser, a un igual que –devenido cosa– ha de recuperar su pertenencia a lo vivo por medio de la feroz intimidad del grito de muerte. El orden imperial y militar que engendra acumulación y que, expandiendo el movimiento hacia afuera, refuerza el orden de las cosas y profundiza el fracaso de la muerte ritual del otro. Y por último, el orden moral -industrial, científico, capitalista– que consuma el sistema de las cosas en una última y más acabada forma de escisión: el hombre –vuelto definitivamente cosa él mismo– no conserva ningún vínculo con aquella inmanencia que ha subsistido a lo largo del proceso más allá de la nostalgia de lo animal.
Así, la historia del mundo se presenta como una historia de economía religiosa y como la historia del fracaso de las religiones en el intento del hombre por recuperar su pertenencia a este mundo. Se trata de la última filosofía ensayada antes de que los historiadores tomaran la palabra para inventariar un irreversible mundo de cosas. La teoría de Bataille se funda en un conocimiento extenso de la historia, pero huye deliberadamente de todo ejemplo temporal para mantener encendida la llama precaria de algo que está implícito en el relato histórico. Sólo en el apéndice ofrece, a la manera de una invitación intelectual, un único ejemplo de aplicación de su teoría al análisis de una religión histórica, el Islam, y demuestra de qué manera varios estadios teóricos comparecen en una misma religión, híbrido de los diversos y desesperados intentos del hombre por encontrar la intimidad perdida.
Al erotismo en la literatura de Bataille, a sus exégesis de los grandes asesinos lúbricos y los escritores del mal podría aplicarse, como si fueran otros tantos ejemplos de religión, su propia teoría. Es que el desenfreno erótico no tiene para Bataille –lo dice con claridad en su prólogo a Madame Edwarda de 1956– tanto sentido por erótico como por desenfrenado, en el sentido económico de la palabra: en ese abandono, en ese derroche está otra vez la ruptura con el orden de las cosas y laposibilidad de regresarse a un estado de intimidad anterior, cuya característica es necesariamente la abundancia.
Bataille no propone destruir el mundo de las cosas, que al costo de nuestra enajenación es artífice de la supervivencia. En su teoría, la revolución en un acto solitario: “Este mundo real llegado a la cumbre de su desarrollo puede ser destruido, en el sentido de que puede ser reducido a la intimidad”. El desarrollo teórico resulta así tributario de un acto último de fe en una cierta posibilidad humana: una conciencia clara que “no encontrará la intimidad más que en la noche”.

Pròlogo

Esta Teoría de la Religión esboza lo que sería un trabajo acabado: he intentado expresar un pensa­miento móvil, sin buscar su estado definitivo.

Una filosofía es una suma coherente o no es, pero expresa al individuo, no a la indisoluble humani­dad. Debe mantener, en consecuencia, una apertura sobre los desarrollos que seguirán, en el pensamien­to humano… donde los que piensan, en tanto que rechazan su alteridad, lo que no son, están ya aho­gados en el universal olvido. Una filosofía no es nunca una casa, sino una obra en construcción. Pero su inacabamiento no es el de la ciencia. La ciencia elabora una multitud de partes acabadas y sólo su conjunto presenta vacíos. Mientras que, en el es-fuerzo de cohesión, el inacabamiento no está limi­tado a las lagunas del pensamiento; es sobre todos los puntos, sobre cada punto, la imposibilidad del estado último.

Este principio de imposibilidad no es excusa para innegables insuficiencias, limita toda filosofía real. El sabio es quien acepta esperar. El filósofo también espera, pero no puede hacerlo por derecho. La filosofía responde desde un comienzo a una exi­gencia infragmentable. Nadie puede «ser» indepen­dientemente de una respuesta a la pregunta que ella plantea. De este modo, la respuesta del filósofo está necesariamente dada antes de la elaboración de una filosofía y si cambia en la elaboración, a veces in­cluso en razón de los resultados, no puede por de­recho estarle subordinada. La respuesta de la filo­sofía no puede ser un efecto de los trabajos filosó­ficos, y si puede no ser arbitraria, esto supone, da-dos de antemano, el desprecio de la posición in­dividual y la extrema movilidad del pensamiento abierto a todos los movimientos anteriores o ulte­riores; y, unidos desde el comienzo a la respuesta, mejor, consubstanciales a la respuesta, la insatis­facción y el inacabamiento del pensamiento.

Es entonces un acto de conciencia, no sin llevar la elucidación al límite de las posibilidades inme­diatas, no buscar un estado definitivo que no será nunca dado. Sin duda es necesario elevar un pen­samiento, que se mueve en dominios ya conocidos, al nivel de los conocimientos elaborados. Y de to­das formas la respuesta misma de hecho no tiene sentido más que siendo la de un hombre intelec­tualmente desarrollado. Pero si la segunda de estas condiciones debe cumplirse de antemano, nadie pue­de responder de la primera más que aproximada-mente: a menos de limitar, a la manera de los hom­bres de ciencia, el desplazamiento del pensamiento a dominios restringidos, nadie podría asimilar los conocimientos adquiridos. Esto añade al inacaba­miento esencial del pensamiento un inacabamiento

de hecho inevitable. Paralelamente, el rigor exige una confesión acentuada de estas condiciones.

Estos principios están muy alejados de una ma­nera de filosofar que recoge hoy si no el asenti­miento, por lo menos la curiosidad del público. También se oponen con fuerza a la insistencia mo­derna que se apega al individuo y al aislamiento del individuo. No puede haber pensamiento del in­dividuo y el ejercicio del pensamiento no puede tener otra salida que la negación de las perspecti­vas individuales. A la misma idea de filosofía se une un problema primero: ¿cómo salir de la situación humana? ¿Cómo deslizarse de una reflexión subor­dinada a la acción necesaria, condenada a la dis­tinción útil, a la conciencia de sí como del ser sin esencia, pero consciente?

El inevitable inacabamiento no frena en ninguna medida la respuesta que es un movimiento, aunque fuese en un sentido ausencia de respuesta. Por el contrario, le da la verdad de grito de lo imposible. La paradoja fundamental de esta Teoría de la Reli­gión que hace del individuo la «cosa», y la negación de la intimidad, pone sin duda a la vista una impo­tencia, pero el grito de esa impotencia preludia el más profundo silencio.

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04.29.08

Leonidas, Josefo - Los escandalosos amores de los filósofos

Publicado en Filosofia, Varios Educativos/Divulgación tagged , , en 12:47 am por ellibrero

DEDICATORIA
A los profesores de Filosofía, como aporte a su espantosa labor, en la cual pueden emplear este libro como texto de enseñan‐za, ya que, para ese fin, es tan inservible como los actualmente en uso.

ESTA ES una historia de los filósofos, desde Tales de Mileto hasta Carlos Marx, escrita en forma sencilla, y, en lo posible, amena. Está dirigida especialmente a las personas que tienen cierta confusión entre Adenauer, Schopenhauer y Eisenhower, o que cuando oyen hablar de Augusto Comte dicen:
—¡Ah, Comte, el de Montecristo!
¿Por qué, entonces, si ésta es una obra seria y erudita, su título es “Los escandalosos amores de los filósofos”, que no le anda ni por las tapas?
Simplemente, por razones publicitarias.
Según minuciosas investigaciones realizadas por sociólogos norteamericanos, de cada diez mil personas hay nueve mil novecientas noventa y siete que sufren de obsesión sexual crónica, una que la sufre en forma aguda, y dos que están muertas. Este interesante descubrimiento ha sido aplicado con éxito en la propaganda cinematográfica, especialmente a través de los títulos. Así, por ejemplo, si a una mala película se la titula “Laura desnuda” (aunque Laura aparezca más forrada que un esquimal), esto le asegura permanecer en car‐telera, a tablero vuelto, no menos de tres meses.
Las empresas distribuidoras de películas aplican aquel principio al traducir los títulos. Tradujeron “Le garçon sauvage” como “Fruto del pecado”; “Vita da cani” como “Hijas del pecado”, y “The butterfly” como “Desnuda por el mundo”, convirtiendo así tres bodrios en éxitos de taquilla.
Si el truco resulta con las películas, tiene que servir también tratándose de libros.

INTRODUCCIÓN
¿Qué es un filósofo?

LOS FILÓSOFOS son hombres que hacen del pensar un oficio, que tratan de vivir de eso. En realidad tiene sus ventajas como profesión, pues no cansa: se puede trabajar tendido en la playa o sentado en un bar. Pero se gana poco. Para ser filósofo hay que estar cesante o ser millonario.
Pero no se crea que los filósofos pueden pensar en cualquier cosa. Nada de eso. Sus pensamientos tienen que referirse a Problemas de la Filosofía. ¿Y ésta qué es? Ardua tarea sería explicarlo, así es que nos limitaremos a señalar la etimología de esa palabra. Filosofía deriva de las raíces griegas “filo”, que significa “amante” y “sofía”, esto es, “Sofía”. En este caso, como en tantos otros, el origen etimológico no es suficiente para aclarar el concepto, pero algunas luces da.
A continuación veremos quiénes han sido y qué han hecho esos hombres que, parodiando la máxima que dice: “Primero hay que vivir y después filosofar” (Primum vivere, deinde, filosofare), han creado, esta otra: “Primero hay que filosofar y después trabajar” (Primum filosofare, deinde pelare il ajum).

Me lo agendè para leerlo, lo ùnico que se es que fue escrito por un chileno (abogado creo) y obviamente es tono humorístico. Si alguièn lo ha leido y quiere comentarmelo estarìa bàrbaro. Son sòlo 94 pàginas, en cuanto lo lea les cuento algo mas!

OTRA COSA, MUY BUENO EL INDICE :)

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04.27.08

CONCEPTO DE PENA Y SUS IMPLICANCIAS JURIDICAS EN SANTO TOMAS - CODESIDO, EDUARDO A - DE MARTINI, SIRO M.A

Publicado en Derecho, Filosofia tagged , , , en 1:23 am por ellibrero

Isbn: 950-523-230-6″

Editorial: UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA - UCA

Este libro contiene parte de los resultados de una investigación realizada en tomo al tema de la pena en la obra de Santo Tomás de Aquino.
Al fundar nuestro proyecto ante las autoridades de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina, escribíamos, con relación
al deseable impacto del trabajo, que “se trata de una investigación que busca determinar, y precisar, una concepción de la pena a partir de un pensamiento
central en la teología católica. A su vez, el concepto de la pena es una de las bases de toda elaboración de una doctrina jurídico-penal. El material que
actualmente se emplea en nuestra Universidad para el estudio y enseñanza del Derecho Penal se basa en la dogmática jurídico-penal. El resultado de la investigación,
por tanto, importará un aporte a la elaboración de una doctrina penal fundada en el pensamiento católico clásico, con la consiguiente posibilidad de producir modificaciones en las conclusiones actuales de la ciencia del derecho
y material alternativo para su enseñanza”.
“No se puede negar, en efecto, que este período de rápidos y complejos cambios expone especialmente a las nuevas generaciones, a las cuales pertenece y de las cuales depende el futuro, a la sensación de que se ven privadas de
auténticos puntos de referencia” {fides et ratio numeral 6).
“No sabemos si un análisis de los problemas jurídicos hecho a partir de la teología y la filosofía clásica arrojará conclusiones distintas de las actuales, pero no cabe duda de que, aun las presumibles concordancias, tendrán distinto
fundamento. Y eso, el distinto fundamento, nos parece propio de nuestra Universidad Católica.”
El lector encontrará en este libro, nuestro propio ordenamiento y conclusiones a partir de un material que se encuentra disperso a lo largo de toda la obra
del Aquinate. Hemos intentado, ante todo, ser fieles al pensamiento originario de Santo Tomás, respetando en todo lo que nos pareció ser su doctrina. No hemos utilizado, por tanto, las pocas obras que tratan el tema -por lo general de modo limitado-, por lo que las citas se limitan a textos del autor.
Como intuíamos, efectivamente nos hemos encontrado con un pensamientO preciso y, para lo que consideramos la creencia generalizada en el ámbito penal, sorprendente.
Razones editoriales nos han llevado a suprimir los capítulos relativos a las penas divinas y a la redención obrada por N.S. Jesucristo; como también la
parte del trabajo que contiene los 741 textos relativos al tema, que conforman el resultado primero de nuestra investigación. Su extensión imposibilita su publicación
en esta colección. De todos modos, es obvio que el lector encontrará los más importantes textos citados a través del libro.
En todos los casos en que los textos se encontraban sólo en su original latino, hemos recurrido a los servicios del licenciado Juan Fuentes, quien, merced a su excelente formación clásica, no limitó sus funciones a las de mero
traductor sino que fue de ayuda para la correcta interpretación de la fuente.
Se impone una última advertencia: Santo Tomás de Aquino fue un teólogo, no un jurista. Su enfoque es, entonces, el propio de su disciplina. Así y todo, estamos convencidos de que los textos seleccionados pueden utilizarse con provecho
dentro de la ciencia del derecho, sin confusión alguna de planos. Podríamos agregar que Santo Tomás, también filósofo, “amó de manera desinteresada
la verdad. La buscó allí donde pudiera manifestarse, poniendo de relieve al máximo su universalidad. El Magisterio de la Iglesia ha visto y apreciado en él
la pasión por la verdad; su pensamiento, al mantenerse siempre en el horizonte de la verdad universal, objetiva y trascendente, alcanzó “cotas que la inteligencia
humana jamás podría haber pensado” y aun manteniendo un vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fue uno de los primeros que reconocieron la
necesaria autonomía que la filosofía y las ciencias necesitan para dedicarse eficazmente
a sus respectivos campos de investigación (numeral ASfides et ratio).
Hemos respetado, como correspondía, la utilización habitual de la palabra “pecado”, pero el lector encontrará que en los casos citados puede reemplazarla mentalmente por “delito”. Ni para Santo Tomás ni para nosotros hay confusión posible, pues para que una conducta sea delito se requiere una ley humana violada (ver capítulo V de esta investigación).
2. En los textos de la Suma Teológica (S.T.), luego de la indicación que precede cada parte, han sido puestos los números siguiendo el orden tradicional.
Es decir, el primer número se refiere a la cuestión y el segundo al artículo.
En caso de citarse la respuesta a una dificultad, ésta aparece como tercer número.
En el caso de la Suma Contra Gentiles (S.C.G.), se cita el libro en números romanos y luego el capítulo (c.) en números arábigos. El Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo (Sent.) está dividido en cuatro libros (se citan en números romanos, ej. II Sent.: segundo libro de las
sentencias), éstos se dividen en distinciones (d.), cuestiones (q.) y artículos (a.).
Éstos pueden, además, dividirse siguiendo un orden alfabético (ej. a.2b). Las
respuestas a las objeciones se mencionan precedidas de la preposición latina ad.
De Malo se divide en cuestiones (q.), artículos (a.) y respuestas a las objeciones (ad).
Las demás obras citadas se han abreviado del siguiente modo:
Compendio de Teología: Comp.
Comentario a la Ética Nicomaquea: Ética.
Cuestiones Quodlibetales: Quodl.
Hemos utilizado para la Suma Teológica, la primera edición de la BAC.
Para la Suma contra Gentiles, la traducción empleada ha sido la del Club de Lectores, Buenos Aires, 1951. Para la importante cuestión primera de De Malo,
hemos recurrido a la traducción de la editorial Universitaria, Santiago de Chile,
1994. La hemos complementado con la edición completa de las Cuestiones disputadas sobre el mal de EUNSA, 1997. Los textos del Compendio de Teología han surgido de la edición de Rialp, Madrid, 1980. Para el Comentario de la
Ética a Nicómaco usamos la traducción de las ediciones CIAFIC, Buenos Aires, 1983.
En todo lo demás hemos recurrido al texto editado por el P. Roberto Busa S.J. en 1980 (en particular en la excelente versión en CD-ROM del P. Ricardo M. Román), a partir del cual ha efectuado las correspondientes traducciones el
licenciado Juan Fuentes.

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04.19.08

Ernst Cassirer - ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA Introducción a una filosofía de la cultura

Publicado en Antropologìa, Ciencias Sociales / Sociología, Filosofia tagged , , en 1:12 am por ellibrero

ISBN: 9789681603007

Ernst Cassirer

(Breslau, 1874 – Princeton, 1945) Filósofo alemán de origen judío. Fue profesor en las universidades de Berlín y Hamburgo. Con la llegada del nazismo tuvo que exiliarse primero en Suecia y luego en Estados Unidos, donde murió. Entre sus numerosas obras están: El problema del conocimiento en la filosofía y en la ciencia moderna (1906-20), Concepto de sustancia y concepto de función (1910), Libertad y forma (1917), Idea y forma (1921), Filosofía de las formas simbólicas (1923-19), Antropología filosófica (1945).

Del estudio de las ciencias modernas lo que más llamó la atención de Cassirer fue el de la transformación del dato sensible en símbolo numérico. Por otra parte, investigando los conceptos de sustancia y de función, descubrió cómo el simbolismo algebraico es la base de las ciencias. Fue precisamente ese concepto de función lo que le abrió el camino para una interpretación más amplia, no limitada a la física, de todas las actividades humanas como creadoras de símbolos.

Así surgió la filosofía de las formas simbólicas. Según él, las diversas realizaciones en las que se concretiza la cultura humana se fundan en una actividad simbólica que, alejándose cada vez más de la inmediatez del dato natural y sensible, conduce a la formación de esquemas autónomos. De esta forma, la filosofía tiende a configurarse no sólo como crítica del conocimiento sino también como crítica de la cultura, ya que tiene por objeto el conjunto de las creaciones del hombre. En este sentido, los monumentos y los documentos del pasado asumen, más allá de su mera existencia física, un significado que los anima.

De ahí la importancia que dio él mismo a las investigaciones historiográficas dedicadas a algunas etapas fundamentales en el desarrollo del pensamiento occidental, como el Renacimiento y la Ilustración. Por otro lado, la diferencia entre el animal y el hombre la pondrá precisamente en la capacidad de éste de crear símbolos. El símbolo es puramente formal, pero supera la exterioridad del dato sensible y libera al hombre de aquel dato. Por eso la unidad que reúne todas las actividades del hombre, más que en una hipotética substancia metafísica unitaria, hay que buscarla en la unidad funcional, que aúna las actividades simbólicas del hombre.

La obra que nos ocupa no trata un solo tema sino una serie de temas entrelazados. Este libro versa sobre cuestiones psicológicas, ontológicas, epistemológicas, y contiene capítulos que se refieren al mito, a la religión, al lenguaje, al arte, a la ciencia y a la historia. Sin embargo, el autor intenta mostrar que todas estas temáticas remiten a un problema fundamental que puede resumirse en una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué es el hombre? Para contestar a esta pregunta se debe investigar la cultura humana pues “la característica sobresaliente y distintiva del hombre no es una naturaleza metafísica o física sino su obra” (p. 108).

Una filosofía del hombre, una antropología filosófica, debe ser una filosofía que nos proporcione la visión de la estructura fundamental de cada una de esas actividades humanas y nos permita entenderlas como un todo orgánico.

¿Qué es el hombre? es una pregunta eminentemente filosófica. Como tal, no tiene una única respuesta y suscita siempre nuestro máximo interés.

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04.02.08

Pensadores Griegos: Una historia de la filosofía de la Antigüedad - libro 1 y 2 - Gomperz, Theodor

Publicado en Filosofia, Historia tagged , , , en 11:48 pm por ellibrero

Theodor Gomperz nació en 1832 en Brünn, hijo de una familia de la alta burguesía germano-judía. Estudió en Brünn y en Viena. En 1853 tradujo los escritos filosóficos de John Stuart Mill. Trabajó como editor entre 1869 y 1880. En 1855 fue redactor del liberal Grenzboten. Su carrera científica comienza al descifrar los papiros herculanos, la mayoría textos filosóficos de la escuela epicúrea (Herkulanische Studien, 1865, dos tomos). Su fama internacional como filólogo clásico se forjó también gracias a su traducción e interpretación de la Poética de Aristóteles. En 1873 es profesor titular de Filología clásica. En 1896 obtiene el «Distintivo honorífico del arte y las ciencias», con lo que entra a formar parte de la «Tabla imperial». En 1901 ingresa como miembro en la Cámara Alta, y con un retiro anticipado se concentra en Pensadores griegos. Muere a los 80 años en 1912, poco después de que se le ofreciera dar clases sobre Platón en el Collège de France, de París.

ISBN 84-254- 2129-2

Pensadores griegos de Theodor Gomperz es un verdadero hallazgo. Cuando la obra apareció entre 1896 y 1909 en su primera edición (aparecerían rápidamente tres ediciones más), tuvo una acogida entusiasta por los especialistas de todo el mundo. En muy poco tiempo fue traducida al francés, inglés, italiano, ruso y hebreo.
Gomperz recorre el camino de la filosofía hacia atrás. Para él, los pensadores antiguos son contertulios / interlocutores / compañeros de debate, a los que pregunta sobre sus aportaciones a la Verdad. Para él era una obviedad histórica que pudieran aceptarse malas argumentaciones o enseñanzas incorrectas como puntos de transición necesarios para alcanzar esa verdad. Traduce la antigua filosofía obtusa en ágiles pensamientos para nosotros, y convierte a los sofistas, epicúreos, estoicos y peripatéticos en contertulios virtuales, en una reflexión común sobre el mundo, forjada a lo largo de los siglos.
Quien se introduzca en este diálogo, alcanzará una gran recompensa en el Saber, pero también puede hallar una clave de cómo llevar a cabo la búsqueda del conocimiento, la sabiduría y la felicidad, que todos emprendemos en algún momento.

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De interés: obra clásica monumental (y casi obligatoria) de referencia

Entre este libro y el lector surge una relación «como con los buenos amigos, a los que debemos parte de nuestros conocimientos y de nuestra concepción del mundo, que ellos han conquistado y nos ofrecen gustosamente, sin que aparezca en esta relación la reverencia recelosa ni el sentimiento de la propia insignificancia ante su grandeza». Sigmund Freud

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03.30.08

El culto a los héroes - Thomas Carlyle

Publicado en Ensayo, Filosofia tagged , , en 10:55 pm por ellibrero

La obra que aquí presentamos, del controvertidísimo filósofo historiador,
Thomas Carlyle (1795-1881), está formada por una compilación
de las seis conferencias que impartió durante el mes de mayo de 1840.
Estructuradas bajo el tema común de El culto a los héroes, en éstas,
Carlyle le da, como se dice comunmente, vuelo a la hilacha en
su manifestación de angustia ante el derrumbe de los valores bajo los
cuales Europa había vivido.
En efecto, el cataclismo provocado por
el nuevo concepto del mundo que consigo trajo la Revolución Francesa,
iba rápidamente pulverizando todas las estructuras autoritarias
basadas en criterios absolutistas.
Ante esa realidad Carlyle pone el grito en el cielo, desarrollando su concepción de buscar la interpretación de la historia a través de destacados individuos, y el término héroes será el nombre que escoja para definirlos.
Su curiosa, y en cierta medida trasnochada teoría que no pocos consideran
como protofascista, al representar la angustia de algunos núcleos sociales
europeos, por lógica alcanzó notoriedad e importancia. Y así, sus bobalicones
desplantes como el de considerar el advenimiento democrático como un claro
síntoma de la angustia de las sociedades ante la carencia del héroe que las
dirija, demuestra el claro resentimiento de los sectores sociales proclives al
absolutismo, y, sobretodo, la elaboración de una coraza ideológica
justificante que les permitiera sobrevivir ante un panorama del todo adverso
para ellos.
Así, el autor de la voluminosa obra Historia de Federico II en Prusia, Thomas Carlyle, consolida su presencia en cuanto teórico de esa reacción embozada, que anhelante esperaba el momento de volver a apropiarse de lo que consideraba suyo y que se creía despojada: el poder absoluto.

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