05.12.08

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión - Victor Serge

Publicado en Ensayo, Filosofia, Historia tagged , , en 12:22 am por ellibrero

Víctor Serge
Un revolucionario humanista
Francisco de Cabo
Iniciativa Socialista, nº 12, diciembre 1990

De Víctor Serge, nombre de “guerra” de Víctor Luovich Kibalchich Paderevski, nacido en Bruselas, hijo de exiliados rusos, casado con Liouba Roussakova, con la que tuvo dos hijos, Vladimir, conocido por Vlady, renombrado pintor que reside en México, y Jeannine, que trabaja en el Centro de Estudios Básicos en Teoría Social de la Universidad de México, se cumple este año el centenario de su nacimiento.

Se han difundido mucho, quizá demasiado, las frases difusas de “escritor comprometido” y de “compañero de viaje” a escritores que han sido simples “outsider”, que sólo han visto los toros,todo lo más, desde la barrera pero sin soltar amarras del “statu quo” de la sociedad que los arropa confortablemente. Todo lo contrario fue la vida y la obra del escritor Víctor Serge. Desde la adolescencia se comprometió a ultranza con los humildes, con los desheredados de las sociedades del signo que fueran y hasta su muerte conservó incólume su yo independiente sin menoscabo de sus ideas redentoras de los desamparados. La obra de escritor de Serge es muy extensa y variada pero en ninguno de sus libros, aunque sea una novela con personajes de ficción, no se puede uno imaginar al autor cómodamente sentado en un escritorio, distante de los seres simbólicos que crea: Serge,el hombre de carne y huesos, está inmerso en las criaturas que forja, las cuales son unos seres que reflejan sus propias angustias.

Víctor Serge, en este aspecto como en otros poseía una semblanza humana parecida a Andreu Nin, que no fue rencoroso ni devolvió injurias. En su folleto “Su moral y la nuestra” Trotski le lanza una diatriba indigna de un hombre de su talla intelectual y revolucionaria: “El secreto, sin embargo, consiste en que, al reivindicar la libertad para sí mismo (para Serge) y para sus semejantes; la libertad de escapar a toda vigilancia, a toda disciplina; inclusive, si esto fuera posible, a toda crítica…”. “Si Víctor Serge abordara seriamente los problemas de la teoría, se sentiría confuso -ya que quiere desempeñar papel de ‘innovador’- de hacernos regresar a Bernstein, a Struve y a todos los revisionistas del siglo pasado, que trataban de injertar el kantismo en el marxismo, es decir, de subordinar la lucha de clases del proletariado a principios colocados por encima de ella”. Trotski, para poder rebatir a Serge, emplea el viejo sofisma de hacerle decir conceptos que nunca pasaron por la imaginación de éste. Pero dejemos este tema. Lo que quiero significar es que Serge nunca contestó a estas injurias y otras peores, siguiendo el mismo método que Nin. Tanto uno como el otro amaban y respetaban a Trotski demasiado para atreverse a polemizar con él. En 1944, asesinado ya Trotski, Serge escribió sobre él estas comprensivas palabras: “A pesar de los crímenes, a pesar de su
propia muerte que se acercaba de día en día, se negó a reconocer que la URSS había dejado de ser un ‘Estado Obrero Socialista’ y que en ella se hubiera establecido un nueva sistema de totalitarismo. Creyó poder llevar sobre sus espaldas el peso de una nueva Internacional, la Cuarta, continuadora de la Tercera. Voluntarioso y utopista se separó del conjunto del movimiento socialista. Se empeñó en hacerse el mantenedor de un bolchevismo de épocas pasadas y que en la actualidad ya nadie puede comprender. Se mostró intransigente con revolucionarios que le querían y comprendían, pero no querían seguirle por estos caminos. Intervino en las disensiones y en las escisiones de minúsculos partidos que no forman más que sectas fieles a fórmulas muertas. Nosotros nos explicamos muy bien, desde un punto de vista psicológico, su tensión interior y el drama de su soledad”.

Serge no se consideró nunca un “bolchevique leninista”, dos palabras que pronunciadas juntas son redundantes pues con sólo decir bolchevique ya se dice leninista. Pero esto no significa que Serge no admirara a Lenin, que, como verdadero hombre de genio, personificaba la sencillez en el trato con los demás y cuya autoridad provenía de su poderosa personalidad. En un artículo publicado en “La Batalla” en marzo de 1937 Serge escribe en el último párrafo, refiriéndose a Lenin, estas significativas palabras: “No se creía infalible y tampoco lo era. Ha cometido grandes errores y a menudo en su más justa acción una parte de error se mezclaba a una extraordinaria perspicacia. En conjunto, su obra permanece, no obstante, como un nuevo punto de partida en la historia, un magnífico ejemplo de devoción a la clase obrera, una aplicación victoriosa del pensamiento marxista a la lucha de clases. Hacia ésta miramos hoy como hacia una luz, y no hacia su lúgubre despojo embalsamado en Moscú bajo un pesado mausoleo”.

Como escritor revolucionario e independiente que era se había condenado a sí mismo a no ver publicados sus escritos por no someterse a los dictados de los poderes de uno y otro bando. En su época, y aún perdura, un intelectual contrario al estalinismo y al “statu quo” occidental se veía acosado por la estrechez económica. El que escribe estas líneas puede dar fe de ello al gestionar inútilmente la publicación de sus obras en el mercado editorial de la Argentina -en aquella época centro editorial de la lengua castellana por no poder publicarse en la España franquista nada que oliera a izquierda- al ser rechazadas al mencionar el nombre de Víctor Serge como autor. Si algún libro se editaba era clandestinamente por editoriales “piratas” -que proliferaban en la América de habla castellana- y como “era lógico” no pagaban derechos de autor. A pesar de la crítica situación en que vivía, en sus cartas no se reflejaba ningún enojo, una prueba más de su fortaleza moral.

El sentido de la solidaridad humana y de la solidaridad a las amistades eran atributos de la recia personalidad de Víctor Serge. Prueba de ello fue la campaña de solidaridad internacional que organizó, junto con personalidades como Magdeleine Paz, Marceau Pivert, Alfred Rosmer, Pierre Monatte y otros, para salvar las vidas de los dirigentes del POUM amenazados por un Proceso al estilo de los de Moscú. No pudieron salvar la vida de Andreu Nin pero llegaron a tiempo para salvar las de los demás miembros del Comité Ejecutivo. Negrín y su Ministro de Justicia, González Peña, el “héroe” de la comuna asturiana de 1934, presionados por el escándalo internacional producido por la “desaparición” de Andreu Nin debido a la campaña de solidaridad y de denuncia internacional organizada por Víctor Serge y sus amigos por el crimen que se estaba preparando en España, se vieron obligados a acomodar un Tribunal Especial con jueces moderados prosocialistas para que dictaran una sentencia de acuerdo a las especiales circunstancias del momento y que no dejara en ridículo a la “ayuda rusa” y a su promotor Stalin.

Aún perdura la polémica sobre la tragedia de Kronstad como una mancha negra imborrable en la historia de Octubre. Y lo peor no fue la matanza en sí sino la interpretación histórica de los hechos y las acusaciones falsas contra los protagonistas por los “bolcheviques leninistas”. El quid, la razón de que aún perdure la polémica sobre el drama de Kronstad es que los dos bandos tenían razón en muchos aspectos de los motivos de aquella lucha sangrienta entre hermanos, pero la razón última, la “razón de Estado”, estaba del lado de Lenin y Trotski. Serge, impulsado por sus orígenes libertarios de los que nunca pudo desprenderse, por fortuna, se decantó por los grandes perdedores, los marinos revolucionarios que lucharon para conservar la pureza de los ideales de Octubre de 1917. Era la posición que correspondía a un sensible revolucionario humanista como era ante todo Víctor Serge que se sobreponía a la del frío calculador político en un caso tan difícil como era el de Kronstad.

Poco antes de ser detenido en febrero de 1933 por Stalin, previendo que le podría ocurrir lo peor, Serge escribió una carta-testamento a sus amigos extranjeros que le retrata íntegramente. Resalta en ella su abominación de la represión política contra el discrepante, el disidente; maldice la pena de muerte como sistema, la deportación, el exilio, la prisión como recurso para hacer callar a cualquier opositor en el movimiento obrero. En el apartado segundo de su carta escribe textualmente: “El hombre y las masas tiene derecho a la verdad. No acepto la falsificación sistemática de la historia y de la literatura… Considero que la verdad es una condición de la salud intelectual y moral. El que habla de verdad, habla de sinceridad. Derecho del hombre a una y a otra”. Estas verdades eran válidas -debe entender el lector- para un país supuestamente socialista como la URSS que había dejado de serlo desde hacia tiempo por no haberlas respetado, pero no para el mundo capitalista en que la
mentira es su razón de ser y de perdurar. Las razones morales absolutas abstractas, “kantianas”, no sirven para el sistema de la libertad de mercado en que éste no podría existir sin el engaño. La verdad, en el sistema capitalista, es de un carácter eminente de clase. En el tercer apartado de su carta-testamento escribe en defensa del pensamiento: “Estimo que el socialismo sólo puede engrandecerse en el orden intelectual gracias a la emulación, la búsqueda, la lucha de ideas. Considero que el socialismo no tiene que temer al error, siempre corregido con el tiempo por la propia vida, sino al estancamiento y a la reacción; que el respeto del hombre presupone para éste el derecho a conocerlo todo y la libertad de pensar. El socialismo no puede triunfar contra la libertad de pensamiento, contra el hombre, sino, al contrario, gracias a la libertad de pensar y mejorando la condición del hombre”.

Víctor Serge murió como un don nadie en 1947 en el exilio mexicano agotado por años de persecuciones, de prisiones, de cautiverio y de miseria material, en un taxi, víctima de un fulminante síncope cardíaco. El chofer, sin saber quién era y desconociendo su domicilio, lo condujo a una comisaría de policía considerándolo un pordiosero por su traída indumentaria. Triste destino final para un intelectual revolucionario. Y termino esta semblanza de Víctor Serge con las nobles palabras que escribió Juan Andrade con motivo de su fallecimiento: “En la perspectiva histórica, su acción será juzgada con mayor objetividad. Pero hay un hecho evidente: si su esfuerzo no ha sido coronado por el éxito, ha sido un alerta, un estímulo y un ejemplo de conducta para las generaciones presentes y venideras. Y para mí, la generación de la Revolución de Octubre que ha quedado insometida, de la que Víctor Serge fue figura principal, ofrece la magnífica bondad de una adhesión absoluta y heroica al proletariado y al espíritu humano”. Pero tanto del uno como del otro, que no han visto el desmoronamiento total del “socialismo real” que significa en sí un atisbo poderoso esperanzador, a pesar de la ocultación transitoria por un eclipse momentáneo que cumple una ley natural, de un cambio total hacia un nuevo socialismo verdaderamente democrático, podemos decir con conocimiento de causa que su conducta de incorrupción política fue el camino duro pero verdadero que guía y
conduce ahora a la clase obrera y a los pueblos oprimidos a renacer de sus cenizas por tenues que sean las brasas que quedan.

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión

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Reflexión Ética sobre el racismo y la xenofobia: Fundamentos teóricos - Alberto Hidalgo Tuñón

Publicado en Ciencias Sociales / Sociología, Ensayo, Filosofia tagged , , , en 12:09 am por ellibrero

ALBERTO HIDALGO TUÑÓN (Asturias)

Profesor Titular de “Sociología del Conocimiento y de la Ciencia” en la Universidad de Oviedo. Catedrático Numerario de I.NE.M. desde 1975. Elegido Presidente de la SAF (Sociedad Asturiana de Filosofía) en diciembre de 1981 organizó cuatro Congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias, durante la década de los 80 y publicado tres volúmenes de Actas. Como escritor ha colaborado en diversas revistas y periódicos. Entre su actividad editorial figuran libros de texto e investigación como Historia de la Filosofía (Madrid, 1978), Symploké (Madrid, 1987), “Descartes en Contexto” (Alicante, 1986), colaboraciones en Diccionarios (v.g. el Diccionario de Filosofía Contemporánea de Miguel Ángel Quintanilla, Salamanca, 1976; el Dictionnaire del Philosophes de Denis Huisman Paris, 1984; el Diccionario de Ciencias de la Educación, Madrid, 1985 o la Terminología científico - social. Aproximación crítica, de Román Reyes Barcelona, 198 8) y ensayos como Neo - Fundamentalism - The Humanist Response, (New York, 1988), La teoría de la organización ante el fenómeno de las asociaciones juveniles, (Oviedo, 1992), Reflexión ética sobre el Racismo y la Xenofobia (Madrid, 1993), ¿Qué es esa cosa llamada ética? (Madrid, 1994) o Racismo y Xenofobia (Estella, 1996). Es coordinador de Ciencia, Tecnología y Sociedad (Algaida, Sevilla, 1999). Ha compatibilizado su trabajo académico con actividades sociales en ONGS. Con esta sensibilidad ha impartido numerosas conferencias en distintos foros. Miembro fundador en 1991 del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad en Asturias, en 1995 fue elegido Presidente orientando su actividad hacia la Cooperación Internacional al Desarrollo. (http://www.netcom.es/sallibro/escritor/hidalgo.html)

Estimado/a amigo/a:

Te agradecemos tu interés por la campaña «Jóvenes Con­tra la Intolerancia». El libro que ahora tienes entre las ma­nos ha nacido de la inquietud de un grupo de Organizacio­nes no Gubernamentales por el incremento de las actitudes racistas y xenófobas en nuestra sociedad.

Pensamos que una de las claves para evitar el desarrollo de estas actitudes es llevar a las aulas, a los centros cultura­les y asociaciones juveniles, una discusión en profundidad del tema y enfocarlo positivamente mostrando las ventajas de una cultura de la diversidad.

Partiendo de este planteamiento, diversos expertos en la materia han elaborado una serie de textos didácticos para su uso por profesores, alumnos, animadores socioculturales y jóvenes en general que configuran la colección de libros «Jó­venes Contra la Intolerancia».

La calidad de este trabajo que aquí te presentamos es para nosotros altamente satisfactoria y pensamos que puede ser muy útil para llevar a tus clases, asociación o centro cultu­ral, uno de los temas de mayor actualidad.

Nos damos cuenta que estos textos son sólo un primer paso y que el momento realmente importante está en su uti­lización para el debate y la dinámica social que tú puedes lle­var a cabo. Contamos contigo para ello.

Recibe un cordial saludo y nuevamente nuestro agrade­cimiento por tu interés.

Comité de Dirección

Jóvenes Contra la Intolerancia


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Nuestra Especie, Marvin Harris

Publicado en Antropologìa, Historia Militar / Militar tagged en 12:00 am por ellibrero

Marvin Harris
Título original: Our Kind
Año de Publicación: 1989
Editorial: Alianza
Colección: Ciencias Sociales nº 3003
Traducción: Gonzalo Gil, Joaquín Calvo, Isabel Heimann
Edición: 1999
ISBN: ISBN(’978-84-206-3952-9′, ‘000438389′);978-84-206-3952-9

Marvin Harris siempre consigue hacer fácil lo difícil, con su estilo ameno y directos, resulta de gran ayuda para la compresión, o al menos un acercamiento razonado, al origen y costumbres de la humanidad.

Y siempre por el camino de la sencillez. Sus teorías no rebuscan en memorias colectivas ni se retuercen a través de oscuros simbolismos y significados ocultos. El principal apoyo de sus teorías es la propia humanidad actual. Observando y analizando minuciosamente las vivencias de las pocas tribus que es posible encontrar aún hoy día, en pleno neolítico, Marvin Harris extrapola cuidadosamente las costumbres de estas, intentando interpretar de ese modo los hallazgos arqueológicos.

Pero no se queda ahí, comparando las diversas culturas humanas que conviven en la Tierra hace llegar al lector a la conclusión de que tomar una de ellas como absoluto de la esencia humana es, cuando menos, bastante estúpido. Casi cualquier costumbre, hábito o forma de entender la existencia es perfectamente válida. Sólo la arrogancia puede hacer creer que la cultura propia es la única civilizada. Todos los comportamientos humanos tienen una explicación razonable que Harris deduce del entorno y necesidades del grupo humano que los pone en practica, y de esta forma, ayuda a comprender lo ajeno y relativizar lo propio abriendo nuevos horizontes.

El único problema que pueden tener los lectores habituales de los libros de Harris, y más si son extensos, como este, es que probablemente la mayor parte de las cuestiones que plantea ya sean sobradamente conocidas de obras anteriores, sin embargo, es reconfortante comprobar como Harris perfecciona, acota y mejora sus teorías con el tiempo y el conocimiento de nuevos datos.

Con la seguridad del rigor, y el estilo ameno que hace fácil la lectura sus obras, Marvin Harris es un autor de lo más recomendable, aunque cuidado, no conviene confundir sus libros de divulgación con sus libros de texto, en lo que se vuelve bastante más árido y académico, aunque no por ello pierda interés.

© Francisco José Súñer Iglesias, 25 de enero de 2001
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05.11.08

La Emboscadura - Ernst Jünger

Publicado en Filosofia tagged , , en 11:01 pm por ellibrero

Pequeño tratado del ‘emboscado’ -o persona que prefiere la libertad a la coacción mediática.

Publicado a principios de la década de 1950 tras la segunda guerra mundial, como una profecía para un pasado y un futuro intemporales, en los que las tiranías amenazan al individuo singular por todos los costados, y entroncando con la concepción de Hölderlin del eterno retorno de los titanes, este ensayo plantea la coacción de la técnica y la productividad en la era de las democracias participativas.

En una tiranía -más que numerosas durante el siglo XX, y potencialmente advenedizas en cualquier instante-, o en una democracia tecnócrata, en las que el individuo se ve sometido a fuerzas destructoras de la individualidad, o a la coacción mecánica de un mundo sin alma, el emboscado es la persona que opone resistencia a este ‘movimiento’ desde el sigilo, con la no-participación y la oposición invisible. En un momento en el que la humanidad vive en un mundo feliz mientras que la otra mitad habita en 1984, el bosque, como símbolo, es la patria de la persona libre, que decide vivir por sus propios medios; es el refugio de la persona de acción que opera sin ser apercibida, del que tiene una estrategia, del que sabe cuando actuar, de la que comprende el proceso, del que sabe esperar, del que sabe qué esperar.

Excelente estudio para entender / aproximarse a la situación mundial actual, incluyendo la persecución de los enteógenos. A la vez, un tratado sobre cómo encontrar la libertad personal dentro de un mundo de coacción mediática.

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05.10.08

El día que se jodiò la Argentina (Por arte de magia)

Publicado en Argentina, Politica / Actualidad tagged , , , en 10:40 pm por ellibrero

Paginas:78
Formato: PDF
Eduardo Varela Cid
¿Cuándoun periodista “prestigioso” decide hacer operativos de prensa en favorde un empresario y en contra de todos los demás por dinero?
¿Por qué los políticos decentes no se metían y les tenían miedo a los corruptos?
Se pagó una coima enorme. ¿En qué habrán pensado nuestros legisladorescuando hicieron una ley para que Yabrán lavara dinero? César Arias yCarlos Soria firmaron el dictamen.
¿Por qué la prensa lo ocultó? ¿Se trataba de complicidad, miedo o negocios?
Cuando la mafia y una mayoría de políticos y periodistas corruptos nos inmovilizaron, ese día se jodió Argentina.

Fragmento:

UNA LEY PARA LAVAR DINERO

La situación de la República Argentina puede ser explicada mediante unsimple análisis de los procedimientos realizados por las fuerzaspoliciales y de seguridad del país, y con ello podrá observarse yconcluir claramente que en los últimos años la cuestión de las drogasse ha instalado como debate en el centro de la sociedad y dedeterminadas instituciones del país, pudiendo llegarse a la conclusiónque señala al tráfico de estupefacientes como un problema creciente.Como una forma de demostrar este crecimiento y la envergadura oimportancia que el tráfico de drogas ha alcanzado, puede utilizarsecomo prisma lo acontecido con la denominada Operación Carbón Blanco,uno de los procedimientos más importantes que se han registrado en losanales policiales y judiciales, cuyos pormenores y resultado finalresaltan la difícil situación en que se encuentra Argentina en la luchapor la erradicación de las drogas y el castigo a los narcotraficantes.
La operación comenzó con rutinarias tareas de inteligencia llevadasadelante por una división de prevención y represión del narcotráfico dela policía de la provincia de Buenos Aires, cuando algunos de sushombres que permanentemente transitan las calles de la provinciarecogieron datos que mostraban la existencia de una banda internacionaldedicada al tráfico de grandes cantidades de cocaína con destino finalen Europa. De allí en más, la policía resolvió contactarse con suspares de la Prefectura Naval e iniciaron investigaciones conjuntas conel objetivo de intentar conocer los nombres de los traficantes queintegraban la organización.

©2002, por Eduardo Varela Cid
©Primera edición virtual, Testigo Directo, diciembre de 2002
ISBN 987-9499-33-6

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J. P. Sartre y la dialectica de la cosificacion - Adolfo Arias Munoz

Publicado en Ensayo, Filosofia tagged , , en 2:46 am por ellibrero

  • Publication Date: 1987
  • ISBN-10 / ASIN: 8470464477
  • ISBN-13 / EAN: 9788470464478
  • Binding: Unknown Binding

Dentro de la colección de manuales de la serie «Historia de la filosofía» que publica la editorial Cincel, ha aparecido el volumen dedicado en exclusiva a la figura y al pensamiento de Jean-Paul Sartre. En palabras del propio autor del texto que aquí comentamos: «la presente obra, si bien podría considerarse como una introducción general al pensamiento de Sartre, es con más precisión una introducción al análisis de un problema concreto en la solución sartreana: el problema intersubjetivo» (Pp. 15-16). Doble perspectiva de intereses, pues, la que se ofrece. Por una parte, y como corresponde a las exigencias de la serie general en la que se inserta el libro, aquí se ofrece una visión global de la obra sartreana, desde sus textos literarios y ensayísticos hasta sus obras filosóficas fundamentales: El ser y la nada y la Crítica de la razón dialéctica. Por otro lado, y como señala el propio autor, los problemas particulares relativos a la intersubjetividad, tal como la tematiza Sartre, son los que reciben un tratamiento más detallado y minucioso.

El texto comprende diez capítulos. El primero contiene unos apuntes de la biografía vital e intelectual de Sartre; aquí se pasa revista brevemente a la dimensión política de su obra y a su actividad pública como intelectual comprometido con su época. El segundo trata de la obra literaria del pensador francés, y sirve para exponer, implicados en los contextos vitales que presentan sus novelas y obras de teatro, los problemas filosóficos fundamentales de los que se nutrirá la meditación sartreana. Los dos capítulos siguientes, más técnicos, se ocupan de la dimensión fenomenológica de la filosofía de Sartre así como del tema paralelo de la intencionalidad de la conciencia, en el que Sartre marca sus diferencias respecto de la teoría husserliana. Después de analizar los escritos iniciales del escritor francés, dedicados a la imaginación y a las emociones, el autor expone, con bastante detalle, entre otros aspectos, las complejidades de la así llamada por el propio Sartre «prueba ontológica», verdadero caballo de batalla de la Introducción a El ser y la nada, y, sin duda, una de las partes más difíciles de esa primera obra fundamental de Sartre. No obstante, la importancia de esta «prueba» es básica y decisiva, pues en ella se articulan ya las categorías fundamentales del en-sí y del para sí. Los tres capítulos siguientes exponen los contenidos de El ser y la nada: mala fe, angustia, el cuerpo, el otro, el conflicto intersubjetivo. Se echa en falta aquí, sin embargo, una tematización más explícita de categorías importantes dentro de la arquitectura global del texto sartreano, sobre todo y principalmente el tema del valor piedra clave en la articulación de El ser y la nada. El capítulo octavo trata explícitamente el tema de Dios y la religión en la filosofía de Sartre, para finalizar con dos capítulos últimos dedicados al marxismo sartreano y a la Crítica de la razón dialéctica. Aquí se exponen brevemente las relaciones marxismo-existencialismo, tematizadas por Sartre en Cuestiones de método, así como las categorías fundamentales de la Crítica: escasez (raretè), praxis y dialéctica. La introducción de estas nuevas categorías en el pensamiento sartreano, principalmente la de escasez, parece que supone la aparición de nuevos factores de análisis en la temática del problema intersubjetivo. En efecto, ahora la relación interpersonal se produce en el seno de un mundo cuyos bienes se presentan como escasos y por ello preciosos. De este modo, el otro es fuente de violencia y peligro, pero ante todo porque es un competidor virtual en la lucha por obtener esos bienes escasos necesarios para la supervivencia. De esta manera, el conflicto intersubjetivo se presenta ahora de un modo distinto a como aparecía en El ser y la nada: aquí, la relación intersubjetiva era violenta, pero esa lucha por el reconocimiento que Sartre estudia en su análisis, fascinante, de la mirada parece que es propiamente ontológica, suprahistórica. Incluso en el seno de una naturaleza ubérrima se presentaría tal lucha. En la Crítica, la violencia encuentra en la escasez el éter que la justifica y ya siempre la mediatiza; aquí, la conflictividad intersubjetiva adquiere rasgos más materiales y concretos: la violencia y la lucha por el reconocimiento ya no son tanto un puro afirmarse en el elemento ideal de la conciencia y la mirada, como una disputa por sobrevivir físicamente en el seno de una naturaleza ingrata. En resumen, la lucha interpersonal, que aparecía en El ser y la nada como un rasgo casi ontológico de todo encuentro entre conciencias, se mediatiza ahora a través de la categoría de la escasez. La lucha intersubjetiva cobra así rasgos históricos más concretos, pues cabe preguntarse: ¿es por definición la escasez incancelable?, ¿es la escasez una categoría estrictamente natural o está ya siempre culturalmente interpretada?, ¿es pensable una supresión o, al menos, una suavización de la escasez, en virtud, por ejemplo, de un progreso en el desarrollo de las fuerzas productivas y de una redistribución más uniforme de los bienes? ¿sería entonces superable el conflicto intersubjetivo? Es decir, ¿las raíces últimas del conflicto son principalmente ontológicas, fundadas en la estructura misma del para-si, o son quizás más bien históricas? ¿En un mundo, no necesariamente utópico, que hubiera superado en gran medida la escasez, la relación intersubjetiva estaría todavía presidida por el conflicto, como parecen sugerir implícitamente los análisis de El ser y la nada? Todas éstas son cuestiones que la meditación sartreana sobre la intersubjetividad nos lleva a plantearnos; se trata, en definitiva, de la tarea de pensar en general las relaciones entre ontología e historia, o, más en particular, entre El ser y la nada y la Crítica de la razón dialéctica.

Además de los diez capítulos señalados, finalmente, el volumen se completa,con fines pedagógicos, con un comentario de texto, un pequeño glosario de algunos términos básicos, una bibliografía de las obras de Sartre y sobre Sartre, y un cuadro cronológico comparado.
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Teorìa de la Religión - Bataille, Georges

Publicado en Ensayo, Filosofia en 2:44 am por ellibrero

Georges Bataille, el autor de El erotismo, Historia del ojo, El Abad C., Mi madre –entre otros títulos–, no es un humanista: lo que busca es algo anterior a lo humano, del orden de lo animal, algo irremisiblemente perdido. Su pluma reivindica la estirpe maldita de Sade, de Rimbaud, de Lautréamont, de Nietzsche, de Artaud (sorprendentemente), de Marx. Es claramente un escritor que tiene algo que decir: toda su narrativa, así como su obra filosófica y crítica, está destinada a clarificar ciertas ideas recurrentes.
La Teoría de la religión es un texto póstumo (el escritor murió en 1962 y Gallimard no lo publicó hasta 1973) que mantiene un dinamismo dialéctico con el conjunto de la obra de Bataille, de la que viene a ser condensación extrema. Si a la narrativa de Bataille, en su misma fuerza –y es el caso de Madame Edwarda–, puede imputarse la debilidad de ser hasta cierto punto literatura de tesis, la Teoría de la religión ofrece el sustrato filosófico de todo ese movimiento verbal que va, al igual que en los textos de Blanchot, en pos de una mise en abîme de la experiencia.
Estamos ante una historia íntima y a la vez económica del mundo, en la que las direcciones de la acumulación y el derroche –el orden social, el sacrificio ritual– están en relación con una enajenación del hombre respecto de un estado animal que Bataille define en función de una inmediatez o intimidad o inmanencia: “El animal está en el mundo como agua dentro del agua”, dice.
Bataille describe los movimientos más o menos sucesivos de una historia económico-religiosa cuyo detonador es aquella escisión primordial. Los espíritus como remedo de la inmanencia y en contraparte con el mundo de las cosas; lo sagrado y lo profano como cargas respectivas de esos dos mundos separados, el sacrificio como forma de reenviar a la inmanencia a un ser, a un igual que –devenido cosa– ha de recuperar su pertenencia a lo vivo por medio de la feroz intimidad del grito de muerte. El orden imperial y militar que engendra acumulación y que, expandiendo el movimiento hacia afuera, refuerza el orden de las cosas y profundiza el fracaso de la muerte ritual del otro. Y por último, el orden moral -industrial, científico, capitalista– que consuma el sistema de las cosas en una última y más acabada forma de escisión: el hombre –vuelto definitivamente cosa él mismo– no conserva ningún vínculo con aquella inmanencia que ha subsistido a lo largo del proceso más allá de la nostalgia de lo animal.
Así, la historia del mundo se presenta como una historia de economía religiosa y como la historia del fracaso de las religiones en el intento del hombre por recuperar su pertenencia a este mundo. Se trata de la última filosofía ensayada antes de que los historiadores tomaran la palabra para inventariar un irreversible mundo de cosas. La teoría de Bataille se funda en un conocimiento extenso de la historia, pero huye deliberadamente de todo ejemplo temporal para mantener encendida la llama precaria de algo que está implícito en el relato histórico. Sólo en el apéndice ofrece, a la manera de una invitación intelectual, un único ejemplo de aplicación de su teoría al análisis de una religión histórica, el Islam, y demuestra de qué manera varios estadios teóricos comparecen en una misma religión, híbrido de los diversos y desesperados intentos del hombre por encontrar la intimidad perdida.
Al erotismo en la literatura de Bataille, a sus exégesis de los grandes asesinos lúbricos y los escritores del mal podría aplicarse, como si fueran otros tantos ejemplos de religión, su propia teoría. Es que el desenfreno erótico no tiene para Bataille –lo dice con claridad en su prólogo a Madame Edwarda de 1956– tanto sentido por erótico como por desenfrenado, en el sentido económico de la palabra: en ese abandono, en ese derroche está otra vez la ruptura con el orden de las cosas y laposibilidad de regresarse a un estado de intimidad anterior, cuya característica es necesariamente la abundancia.
Bataille no propone destruir el mundo de las cosas, que al costo de nuestra enajenación es artífice de la supervivencia. En su teoría, la revolución en un acto solitario: “Este mundo real llegado a la cumbre de su desarrollo puede ser destruido, en el sentido de que puede ser reducido a la intimidad”. El desarrollo teórico resulta así tributario de un acto último de fe en una cierta posibilidad humana: una conciencia clara que “no encontrará la intimidad más que en la noche”.

Pròlogo

Esta Teoría de la Religión esboza lo que sería un trabajo acabado: he intentado expresar un pensa­miento móvil, sin buscar su estado definitivo.

Una filosofía es una suma coherente o no es, pero expresa al individuo, no a la indisoluble humani­dad. Debe mantener, en consecuencia, una apertura sobre los desarrollos que seguirán, en el pensamien­to humano… donde los que piensan, en tanto que rechazan su alteridad, lo que no son, están ya aho­gados en el universal olvido. Una filosofía no es nunca una casa, sino una obra en construcción. Pero su inacabamiento no es el de la ciencia. La ciencia elabora una multitud de partes acabadas y sólo su conjunto presenta vacíos. Mientras que, en el es-fuerzo de cohesión, el inacabamiento no está limi­tado a las lagunas del pensamiento; es sobre todos los puntos, sobre cada punto, la imposibilidad del estado último.

Este principio de imposibilidad no es excusa para innegables insuficiencias, limita toda filosofía real. El sabio es quien acepta esperar. El filósofo también espera, pero no puede hacerlo por derecho. La filosofía responde desde un comienzo a una exi­gencia infragmentable. Nadie puede «ser» indepen­dientemente de una respuesta a la pregunta que ella plantea. De este modo, la respuesta del filósofo está necesariamente dada antes de la elaboración de una filosofía y si cambia en la elaboración, a veces in­cluso en razón de los resultados, no puede por de­recho estarle subordinada. La respuesta de la filo­sofía no puede ser un efecto de los trabajos filosó­ficos, y si puede no ser arbitraria, esto supone, da-dos de antemano, el desprecio de la posición in­dividual y la extrema movilidad del pensamiento abierto a todos los movimientos anteriores o ulte­riores; y, unidos desde el comienzo a la respuesta, mejor, consubstanciales a la respuesta, la insatis­facción y el inacabamiento del pensamiento.

Es entonces un acto de conciencia, no sin llevar la elucidación al límite de las posibilidades inme­diatas, no buscar un estado definitivo que no será nunca dado. Sin duda es necesario elevar un pen­samiento, que se mueve en dominios ya conocidos, al nivel de los conocimientos elaborados. Y de to­das formas la respuesta misma de hecho no tiene sentido más que siendo la de un hombre intelec­tualmente desarrollado. Pero si la segunda de estas condiciones debe cumplirse de antemano, nadie pue­de responder de la primera más que aproximada-mente: a menos de limitar, a la manera de los hom­bres de ciencia, el desplazamiento del pensamiento a dominios restringidos, nadie podría asimilar los conocimientos adquiridos. Esto añade al inacaba­miento esencial del pensamiento un inacabamiento

de hecho inevitable. Paralelamente, el rigor exige una confesión acentuada de estas condiciones.

Estos principios están muy alejados de una ma­nera de filosofar que recoge hoy si no el asenti­miento, por lo menos la curiosidad del público. También se oponen con fuerza a la insistencia mo­derna que se apega al individuo y al aislamiento del individuo. No puede haber pensamiento del in­dividuo y el ejercicio del pensamiento no puede tener otra salida que la negación de las perspecti­vas individuales. A la misma idea de filosofía se une un problema primero: ¿cómo salir de la situación humana? ¿Cómo deslizarse de una reflexión subor­dinada a la acción necesaria, condenada a la dis­tinción útil, a la conciencia de sí como del ser sin esencia, pero consciente?

El inevitable inacabamiento no frena en ninguna medida la respuesta que es un movimiento, aunque fuese en un sentido ausencia de respuesta. Por el contrario, le da la verdad de grito de lo imposible. La paradoja fundamental de esta Teoría de la Reli­gión que hace del individuo la «cosa», y la negación de la intimidad, pone sin duda a la vista una impo­tencia, pero el grito de esa impotencia preludia el más profundo silencio.

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HOLLYWOOD CENSURADO - Black, Gregory D

Publicado en Cine tagged , , , en 2:26 am por ellibrero

978-84-8323-035-0

2003


En su descripción de una de las eras más fascinantes de Hollywood, Hollywood censurado es una obra basada en el exhaustivo estudio de los documentos originales de los estudios así como de los archivos de las películas censuradas y los de la Legión.


Ilustraciones. Agradecimientos. Introducción. 1. Restricciones en los espectáculos: la censura cinematográfica. 2. La oficina Hays y el código moral para las películas. 3. Sexo, sexo y más sexo. 4. El cine y la literatura moderna. 5. Cerveza, sangre y política. 6. Las Legiones marchan sobre Hollywood. 7. Sexo con un toque de compensación moral. 8. Política en el cine y política en la industria. 9. Conclusión. Apéndices: A. Versión utilizada en la propuesta del Código Lord-Quigley. B. Películas condenadas por la Legión de la Decencia. Bibliografía selecta. Filmografía. Índice.

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AMALUR: Del átomo a la mente - Martinez y Arsuaga

Publicado en Antropologìa, Ciencias Naturales/Biologia, Ensayo tagged , en 2:22 am por ellibrero

Ignacio Martínez

Juan Luis Arsuaga

Resumen:
Amalur.
En todas las religiones existe una divinidad que dio origen al universo. Para los antiguos vascos esta divinidad era Amalur, la madre tierra, que creo el sol, las estrellas y la infinidad de seres vivos que pueblan nuestro planeta. Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez nos descubren en este libro cómo actuó Amalur, es decir, cómo surgió la vida sobre la tierra y cómo fue evolucionando hasta que el mundo quedo tal y como lo conocemos ahora. La obra arranca de una rigurosa explicación de los principios físicos y químicos que determinaron el nacimiento de la vida. Prosigue con la aparición y diversificación de los animales. Concluye desvelándonos cómo y por qué se desarrollo la inteligencia humana. (Edición en Español)

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El Cine Segun Hitchcock - Francois Truffaut

Publicado en Cine tagged , en 2:16 am por ellibrero

Prólogo a la edición definitiva de “El cine según Hitchcock”

truffaut

Hoy, la obra de Alfred Hitchcock es admirada en todo el mundo y los jóvenes que descubren por vez primera Rear Window (La ventana indiscreta), Vértigo, North by Northwest (Con la muerte en los talones) en la onda de las reposiciones, creen que siempre ha sido así. Pero no es éste el caso, nada más lejos.

En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito. Famoso entonces por la publicidad que le había asegurado David Selznick en el transcurso de los cuatro o cinco años de contrato que los unía, colaboración subrayada por obras como Rebeca, Spellbound (Recuerda), The Paradine case (El proceso Paradine), Hitchcock se hace mundialmente célebre en tanto que produce y dirige la serie de emisiones televisivas «Suspicions» (Sospecha), después «Hitchcock presenta», hacia la mitad de los años cincuenta. Este éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un film tras otro.

En 1962, encontrándome en Nueva York para presentar Jules y Jim, me di cuenta de que cada periodista me hacía la misma pregunta: ¿Por qué los críticos de Cahiers du Cinéma toman en serio a Hitchcock? Es rico, tiene éxito, pero sus películas carecen de sustancia. Uno de esos críticos americanos, a quien yo acababa de hacerle el elogio, durante una hora, de Roar Window (La ventana indiscreta), me respondió esta barbaridad: A usted le gusta Rear Window (La ventana indiscreta) porque, no siendo habitual de Nueva York, no conoce bien Greenwich Village. Le respondí: Rear Window (La ventana indiscreta) no es una película sobre la ciudad, sitio, sencillamente, una película sobre el cine. Y yo conozco el cine.

Regresé a París turbado.
Mi pasado de critico era todavía muy reciente, yo no me había liberado de aquel deseo de convencer que era el punto común de todos los jóvenes de Cabiers du Cinéma. Entonces pensé que Hitchcock, cuyo genio publicitario solo tiene parangón con el de Salvador Dalí, había sido finalmente la víctima, en América, al lado de los intelectuales, de tantas entrevistas superficiales y deliberadamente dirigidas hacia la burla. Contemplando sus films era evidente que este hombre había reflexionado sobre los medios de su arte más que ningún otro de sus coetáneos y que, si por vez primera aceptaba responder a un cuestionario sistemático, podría resultar de ahí un libro capaz de modificar la opinión de los críticos americanos.

Ésta es toda la historia de este libro. Pacientemente puesto a punto con la ayuda de Helen Scott cuya experiencia editorial fue decisiva; nuestro libro, creo que puedo decirlo, esperaba su salida. Mientras aparecía, un joven americano, profesor de cine me predijo: Este libro hará mas daño a su reputación en América que su peor película. Felizmente, Charles Thomas Samuels se equivocó y se suicida uno o dos años más tarde, creo que por otras razones. En realidad, los críticos americanos prestaron a partir de 1968 más atención al trabajo de Hitchcock —Una película como Psicosis está considerada hoy por ellos como un clásico— y los cinéfilos más jóvenes adoptaron definitivamente a Hitchcock sin verse obligados por su éxito, por su riqueza y por su celebridad.

Mientras que yo grababa estas entrevistas con Hitchcock en agosto de 1962 en el Universal City, él terminaba los trabajos de montaje de Los pájaros, su película número cuarenta y ocho. Me llevó cuatro años descubrir las bandas registradas, y sobre todo, reunir la iconografía, lo que me llevaba, cada vez que me encontraba con Hitchcock, a interrogarle con el fin de actualizar el libro que yo llamaba el hitchcock. La primera edición, publicada hacia finales de 1967, llega hasta La cortina rasgada, su película número cincuenta. Se encontrará, al final de esta edición, un capitulo suplementario incluyendo reseñas sobre Topaz, Frenzy (su último éxito relativo), Family Plot y finalmente The Short Night, película que preparó y elaboro sin cesar como si de nada se tratara, mientras que todo su medio sabia que su película número cincuenta y cuatro quedaba fuera de todo cuestionamiento, pues su estado (le salud —y su moral— se habían derrumbado. En el caso de un hombre como Hitchcock que sólo había vivido por y para su trabajo, un paro de actividad significa la la muerte. El lo sabía, todo el mundo lo sabia, y por eso los cuatro últimos años de su vida han sido tan tristes.

El 2 de mayo de 1980, algunos días después de su muerte, se dio una misa en una pequeña iglesia del Boulevard de Santa Mónica en Beverly Hills. El año anterior, en la misma iglesia, decíamos adiós a Jean Renoir. El ataúd de Jean Renoir estaba delante del altar. Estaban la familia, unos amigos, unos vecinos, unos cineastas americanos y unos simples curiosos. Para Hitchcock, eso fue diferente. El ataúd no existía, había tomado un destino desconocido. Los invitados, convocados por telegrama, eran apuntados y controlados por el servicio de Orden de la Sociedad Universal. La policía hacia circular a los curiosos. Era el entierro de un hombre tímido y que llegó a intimidar quien, por una vez, rechazaba la publicidad porque no le podía ya servir para su trabajo, un hombre que se habla entrenado desde la adolescencia para controlar la situación

El hombre había muerto, pero no el cineasta, porque sus películas, realizadas con un cuidado extraordinario, una pasión exclusiva, una emotividad extrema enmascarada por una maestría técnica poco frecuente, no dejarían de circular, difundidas por todo el mundo, rivalizando con las producciones nuevas, desafiando el paso del tiempo, comprobando la imagen de Jean Cocteau cuando habla de Proust: «Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos».

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