Prólogo
El libro de Bettin se sitúa en el cruce entre la historia del pensamiento sociológico y la sociología urbana. Constituye un considerable avance en el campo de los ensayos, hasta hoy no muy numerosos, sobre la historia del pensamiento sociológico de la ciudad. Esta historia, dada la importancia que el fenómeno urbano tiene en la sociedad moderna y particularmente en Occidente, es hoy día indispensable: en las ciudades nacen los caracteres, los problemas, los conflictos que definen la presente época; en ella se anticipan los temas del futuro. Sí, todavía se puede hablar propiamente de ciudad en la sociedad actual, intrínsecamente urbana, casi “totalmente urbana”, como diría uno de los protagonistas del libro.
No es, pues, excesivo insistir en los varios y dispersos precedentes a los que Bettin se refiere. Mientras tanto, conviene recordar que los intentos de reconstrucción histórica dignos de mención se sitúan todos después de 1960, con la excepción del ensayo de Denis Szabo de 1953, L’étude de la société urbaine, el cual, sin embargo, omite las aportaciones clásicas. Entre estas últimas debemos recordar, en primer lugar, por su importancia objetiva, el capítulo dedicado por Martindale a la teoría de la ciudad, en Community, Character and Clvilization, de 1963 (). E incluso después, la mayoría de las aportaciones sobre el tema tienen, significativamente, la dimensión de una introducción, de un capítulo, de un ensayo aislado, aunque a veces de gran calidad. Baste mencionar aquí las Introducciones de G. Martinottí y de G. F. Elía a las excelentes antologías a cargo del primero en 1968 (Cíttá e analisi sociologica) y del segundo en 1971 (Soclologia urbana); y la Introducción del propio Bettin a una tercera antología, de la que se encargó personalmente en 1978 (Socíologla e cittá). Lugar destacado merece, naturalmente, The Urban Process de L. Reissman, de 1964; es, sin embargo, este último libro un intento de reconsiderar la historia de la sociología a fin de sentar las bases para una teoría de la sociedad urbana, leyendo las diversas aportaciones a tenor de criterios particulares, bastante reductivos, y renunciando a aquel estudio detenido de los grandes autores, de los “clásicos”, tan querido a Bettin.
El nuevo libro de Bettin se compone, en efecto, de ocho “estudios” sobre autores clásicos, de Marx a Weber, de Simmel a Lynd; sobre una escuela famosa, la ecológica, con Park y Wirth, y sobre dos franceses actuales, Lefebvre y Castells, quienes se han hecho célebres por sus ideas, a veces muy discutidas, sobre materia urbana. “Estudios” relacionados entre sí por el hilo discreto de una visión de conjunto, aún en formación, y centrados más bien en el indicador común de temas, problemas, perspectivas, que en esquemas teóricos más o menos pretenciosos, como hicieron otros, forzando a sus autores.
La primera proposición decisiva de Bettin consiste, de todas maneras, en la elección misma de los autores y en la selección ulterior de su discurso. Bettin nos presenta, de hecho, pensadores enteramente “filourbanos”, que dan a la ciudad un valor positivo en su reflexión global. Para todos ellos la ciudad es sinónimo de emancipación, condición de vida más alta. Casi no merece la pena aludir aquí a la relación entre ciudad y revolución en Marx. O a la diferente manera en la que la ciudad emancipa al individuo en Weber, en Simmel y en los ecólogos. Al tipo superior de hombre y de relación social que, según Weber, tiene su origen en la ciudad (occidental). Al conflicto urbano como fuerza privilegiada de transformación y progreso en Castells. Y, por fin, a la sociedad totalmente urbana, como emancipación total, en la utopía de Lefebvre.
Naturalmente, con todo esto no quiero decir que Bettin no deje sobresalir también los elementos del discurso ajeno que captan los límites y las sombras de la vida de la ciudad-. Así, por ejemplo, no descuida el tema de la caída de la solidaridad humana directa, sugerido por Simmel y otros; o el gran tema de la desorganización social como condición endémica de la gran ciudad, elaborado de manera muy eficaz por los ecólogos de Chicago; o aquél, no menos sugestivo, propuesto en primer lugar por los Lynd, del poder escondido, ejercido por unos pocos sobre la ciudad. Sin embargo, pienso que la visión de Bettin es fundamentalmente “filourbana”, con una serie de interesantes consecuencias que el lector podrá apreciar.
Lamentamos que Bettin no haya logrado desarrollar y terminar un capítulo difícil que le preocupa desde hace tiempo, donde intenta medirse con el pensamiento sociológico italiano contemporáneo sobre la ciudad, aquel pensamiento parcialmente evocado en las páginas seleccionadas por la ya citada antología. Aparte los especialistas ya nombrados, y otros más, existen muchos sociólogos italianos que han escrito obras de investigación y reflexiones sobre la ciudad, como A. Ardigó, F. Ferrarotti, A. Palazzo y yo mismo, además de obras importantes para el estudio de la ciudad contemporánea como las de F. Alberoni, G. Germani y A. Pizzorno. Según mi opinión, que es, creo, también la de Bettin, no hay duda alguna de que de la confrontación entre estos autores podría surgir una visión de conjunto más madura y articulada, con mayor adhesión a ciertas realidades contemporáneas que tienen particular importancia en nuestro país. Este libro es sólo un paso hacia adelante, aunque importante, en un camino nuevo y difícil, pero tiene el mérito de indicar de manera clara la tarea a realizar por quienes deseen avanzar en esta línea de investigación.
Luciano Cavalli
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